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"Mi deseo constante ha sido siempre

ir por todo el mundo enseñando a las gentes

el conocimiento y el amor de Dios".

Santa M.ª Josefa del Corazón de Jesús

María Josefa Sancho de Guerra fue una mujer sencilla y fuerte que consagró toda su vida a imitar a Jesús casto, pobre y obediente.

“Mi vida está en Dios y es para Dios”.

“Sean compasivas con los enfermos, en el lecho del dolor, todos son igualmente necesitados”.

Son expresiones que recogen el fruto de la inspiración del Espíritu Santo a Santa María Josefa del Corazón de Jesús al darse cuenta del sufrimiento y soledad de los enfermos.

Quiso ser enfermera de Cristo y así lo trasmite a sus hijas las Siervas de Jesús.

Nace en Vitoria (Álava) España, el 7 de septiembre de 1842.

Es la mayor de tres hermanas. Cuando tenía seis años muere su padre repentinamente y María Josefa ve las dificultades que a diario pasa su madre para sacar adelante a la familia. En ella aprendió la lección de la fortaleza cristiana que supera con paciencia heroica las adversidades.

A los 18 años hizo el propósito de ser religiosa. Se inclina por la vida contemplativa pero una grave enfermedad se lo impide.

En un segundo intento entra en una Congregación de vida activa recién fundada: las Siervas de María, Ministra de los Enfermos. Era el 3 de diciembre de 1865 y tenía 22 años.

Cuando iba a terminar su etapa de formación, antes de hacer los votos temporales, consciente de lo que implicaba continuar el camino emprendido, su alma entra en una fuerte crisis que la obliga a comentarlo con Santa Soledad Torres Acosta, a la sazón Maestra de Novicias de dicha Congregación, que después de escuchar sus inquietudes la lleva a consultar con San Antonio María Claret, fundador de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, quien escuchó a María Josefa y le pidió tres días de reflexión, ofreciendo tres Eucaristías al Espíritu Santo. Después de estos días le dijo que “Dios la tenía reservada para grandes cosas en el servicio de las almas”; estas palabras serenaron por el momento su espíritu.

Fiel a los consejos del Santo Arzobispo y dócil a la moción del Espíritu, con la dispensa y autorización del Excmo. Sr. Cardenal de Toledo, sale de las Siervas de María el año 1871 para enriquecer a la Iglesia con un nuevo Instituto dedicado a ejercer la caridad con los enfermos, con los necesitados y donde iba a santificarse de modo muy alto, como el mismo Padre Claret le había dicho.

María Josefa comienza este nuevo camino fundacional con otras cuatro compañeras. En un principio piensan ir a Barcelona pero las mediaciones humanas, de las que Dios se sirve para realizar sus designios de amor, las hacen cambiar de rumbo y dirigirse a Bilbao. Era el 23 de Julio de 1871. María Josefa no entiende pero cree y confía. En el viaje a Bilbao, cerca de Burgos, le asalta una terrible duda. De pronto se ve hundida, es como si toda la oscuridad de la noche cayera sobre su corazón. No quería continuar. Fue su oración del huerto. Pero gracias al apoyo y aliento de sus compañeras sigue adelante y al término del viaje, la noche cedió y esta intrépida mujer llega a Bilbao.

A los dos días se encuentran por primera vez con D. Mariano José de Ibargüengoitia. Este santo sacerdote que tanto la ayudaría más adelante, aquel primer día las recibió con recelo; las grandes obras de Dios con frecuencia son precedidas de grandes dificultades que los santos superan fiándose de Él.

Primero viven en la calle de la Esperanza. Después pasan a la calle de la Ronda. María Josefa recordará siempre los inicios y dirá que aunque fueron escasos en bienes materiales, fueron abundantes en frutos del Espíritu.

Con el tiempo consiguen la finca de la calle de La Naja, ya que las vocaciones aumentaban y el piso de la Ronda quedaba pequeño. Las llamaban de muchos sitios, cada vez eran más los que pedían a las Siervas de Jesús y sus servicios. Las jóvenes que seguían a María Josefa, imitando su entusiasmo y celo por la salvación de las almas, estaban inaugurando la espiritualidad de las Siervas de Jesús: ser reflejos de la misericordia del Corazón de Jesús con los enfermos.

El día 9 de junio de 1874 reciben la primera Aprobación Diocesana, y la Aprobación Pontificia el 8 de enero de 1886.

Habían transcurrido 15 años desde aquel día en que, para gloria de Dios, comenzaron su andadura en Bilbao.

En mayo de 1887, después de terminar los Ejercicios Espirituales dirigidos por el P. Tomás Gómez, jesuita, fundador de la Universidad de Comillas, hicieron la Profesión Perpetua, María Josefa y las cuatro coofundadoras.

El Instituto se consolidaba y María Josefa, que en religión toma el nombre de Sor Corazón de Jesús, extiende su obra por España y América.

Fueron 42 las fundaciones llevadas a cabo durante su vida. No sin dificultades, el AMOR Y SACRIFICIO se siente en todos los lugares donde, estas mujeres valientes, generosas y enamoradas de Dios, llevan a los enfermos la buena noticia del Evangelio.

La primera fundación de Madre Corazón, como popularmente se la conocía, fue el Hospital de Castro Urdiales (Santander). Su última fundación fue en Concepción (Chile), haciendo así realidad su sueño de fundar en América.

En marzo de 1898 a María Josefa se le manifiesta una aguda afección cardiaca. Le prohíben viajar y ella acepta sus limitaciones. Desde su habitación de la calle de La Naja, la Madre dirige todo el despliegue de las nuevas fundaciones. Como San Pablo escribía, alentaba y con mil detalles importantes o sencillos, se hacía presente en las comunidades.

En enero de 1911 surgió una nueva complicación y la dolencia cardiaca se une una infección pulmonar, a partir de ahora pasará los días y las noches, sentada en un sillón, limitada para siempre, como los miles de enfermos a los que consagró su vida y su tiempo.

Las hermanas la quieren rodear de atenciones y comodidades pero ella repite: “Dejadme morir como una pobre religiosa…Tratadme como a los pobres, quiero morir como he vivido…”.

El 20 de marzo, al día siguiente de la fiesta de San José, al que había tenido gran devoción, entró en agonía de una manera sencilla como su vida, serena como su corazón. Sus últimas palabras después de haber recibido la Unción de los Enfermos fueron: “Ya está todo”.

Su débil corazón que tanto había amado a los enfermos y a las Siervas de Jesús de la Caridad, dejó de latir y expiró. Por la ciudad de Bilbao corre la noticia de que ha muerto una Santa.

Las Madres del Consejo General haciéndose eco del sentir de la Congregación y el pueblo fiel, comienzan los trámites para incoar el proceso de canonización de la Madre Fundadora. El esfuerzo de tantas generaciones de Siervas se vió premiado con los avances en la causa y la multitud de personas que en todas partes del mundo se encomendaban a ella.

En el año 1992 fue beatificada por San Juan Pablo II y canonizada por él mismo el día 1 de octubre del año 2000 en Roma.

Su fiesta litúrgica se celebra el 18 de mayo.

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