Hna. Lorena de Lourdes Solís Díaz SdeJ
Osorno, Chile
Hace ya un cuarto de siglo que las Siervas de Jesús forman parte activa y comprometida de la Pastoral de Salud del Hospital Base San José de Osorno, realizando un apostolado constante, silencioso y lleno de caridad. En estos veinticinco años, han sido muchas las hermanas Siervas de Jesús que han pasado por este hospital, entregando su vida, su tiempo y su corazón al servicio de los enfermos, hasta el día de hoy. Cada una dejó una huella imborrable, un legado de amor y entrega que se ha mantenido vivo gracias a la fidelidad de todas aquellas que han formado parte de esta misión a lo largo de todo este tiempo. Insertadas plenamente en la vida y la misión espiritual del recinto hospitalario, hemos sido testigos y protagonistas de un servicio pastoral amplio, profundo y cercano, que ha acompañado a miles de personas en los momentos más sensibles de su vida.
Nuestra labor, en el marco de la Pastoral de Salud, abarca cada dimensión de la vida hospitalaria. Acompañamos espiritualmente a los enfermos: llevamos la Sagrada Comunión, oramos con ellos, escuchamos sus miedos, sus esperanzas y sus silencios, haciéndonos presencia de Dios en cada habitación. También estamos al lado de sus familias, compartiendo su angustia, su incertidumbre y su esperanza, ofreciendo una palabra de consuelo y fe en los momentos de mayor dificultad.
Nuestra presencia se extiende también a quienes conforman el equipo de salud: médicos, enfermeras, técnicos y todo el personal que día a día entregan su vida al cuidado de los demás. Los escuchamos, acompañamos sus dificultades, sus preocupaciones y también sus cansancios, siendo un apoyo espiritual y humano para quienes con dedicación sirven a los enfermos. Sabemos que su labor es exigente, y como Pastoral de Salud, nos sentimos llamadas a acompañarlos también a ellos.
Y nuestro servicio no termina cuando el paciente recibe el alta. La pastoral que vivimos va más allá de las paredes del hospital: cuando las personas regresan a sus hogares, también las visitamos en sus casas, llevando oración, consuelo y acompañamiento espiritual en su proceso de recuperación. Es una misión que cruza los umbrales del hospital, que llega hasta los hogares de Osorno, manteniendo viva la cercanía y el cuidado que la Pastoral de Salud nos encomienda.
Esta hermosa labor pastoral nos invita también a vivir con generosidad el llamado de Dios, y especialmente quiere ser un llamado a los jóvenes que sienten en su corazón el deseo de entregar su vida al servicio del Señor. A todos aquellos que escuchan la voz de Dios preguntando: “¿A quién enviaré?”, hoy decimos con alegría: ven y sé Sierva de Jesús. Que este servicio humilde, este amor hecho obra, sea para muchos jóvenes el camino para descubrir su propia vocación religiosa. No hay mayor alegría que entregar la vida por amor, y aquí, junto a los que sufren, se descubre la belleza de seguir a Cristo sirviendo a los hermanos.
Durante estos 25 años, como Siervas de Jesús de la Caridad, hemos tratado de ser el rostro compasivo de Cristo para todos los que por aquí pasan. No solo llevamos la comunión o rezamos: estamos presentes, escuchamos, consolamos, acompañamos. Una labor amplia, integral y fiel, que busca servir a Dios sirviendo a cada hermano y hermana que nos ha sido confiado. Y a todas aquellas hermanas que nos precedieron y entregaron su alma y su corazón en estas mismas salas y pasillos, nuestro más profundo agradecimiento y reconocimiento: su obra sigue viva y su presencia permanece entre nosotros.
Al mirar estos 25 años de camino junto a la comunidad hospitalaria, damos gracias a Dios por habernos llamado a esta hermosa misión. Gracias a las autoridades del hospital, a los equipos de salud, a las familias, a cada paciente y a cada hermana Sierva de Jesús que ha formado parte de esta historia hasta hoy. Que el Señor siga bendiciendo este apostolado, que siga llamando corazones generosos a seguirlo, y que sean muchos más años de servicio, de fe y de caridad en esta casa de salud.





