Siervas de Jesús

Comunidad de León, España

La historia de las Siervas de Jesús en León está ligada desde hace generaciones al cuidado de los enfermos y al servicio de las personas más necesitadas. Durante décadas, nuestras hermanas recorrieron las calles de la ciudad para atender a enfermos en sus hogares, hospitales y sanatorios, ofreciendo no solo cuidados, sino también compañía, consuelo y una palabra de esperanza.

Hoy, las circunstancias han cambiado. La mayoría de nuestras hermanas que forman la comunidad son mayores y las limitaciones propias de la edad y la enfermedad ya no les permiten mantener aquel servicio domiciliario como en el pasado. Sin embargo, subrayamos que la misión no ha terminado: ha cambiado de forma, pero no de esencia.

Seguimos viviendo el carisma de nuestra fundadora, Santa María Josefa del Corazón de Jesús. Como comunidad de Siervas de Jesús, continuamos poniendo a la persona en el centro de nuestro servicio. Todos los días del año se preparan bocadillos para las personas pobres e indigentes que acuden a la puerta del convento. Pero, junto al alimento, buscamos ofrecer algo que consideramos igualmente importante: la acogida, la escucha, la cercanía y la dignidad.

Muchas de las personas que acuden habitualmente ya tienen nombre y rostro para nosotras. La hermana que reparte los bocadillos se interesa por su salud y por sus circunstancias, especialmente cuando se trata de personas que viven o duermen en las calles de León. Cuando alguna de estas personas deja de acudir durante varios días, pregunta por ella para saber si está enferma, ingresada en un hospital o atravesando alguna dificultad. Después, esa persona pasa a formar parte de las intenciones de oración de toda la comunidad.

Para las Siervas, este modo de actuar responde a una convicción fundamental: la caridad no consiste únicamente en dar algo, sino en hacerlo desde el amor y reconociendo la dignidad de quien lo recibe.

Una misión que también se vive desde la oración

La edad y las limitaciones físicas han llevado a nuestras hermanas a descubrir una nueva forma de vivir su vocación. Si durante muchos años fueron sus manos las que atendieron directamente a los enfermos, hoy consideran que esas mismas manos, unidas en oración, continúan sosteniendo su misión.

Cada día dedican largos momentos a la oración ante Jesús Sacramentado. En ella presentan las necesidades de la Iglesia y del mundo: el Papa, los sacerdotes, religiosos y religiosas, las familias, los misioneros, las vocaciones, los enfermos, las personas mayores, los pobres, quienes viven solos, las víctimas de las guerras, los perseguidos y los perseguidores y todas las personas que atraviesan situaciones de sufrimiento.

También rezan por los niños, adolescentes y jóvenes, por sus familias, por los bienhechores y por todas las personas que recurren a ellas para pedir oraciones ante una enfermedad, una operación, una dificultad familiar, la falta de trabajo o cualquier otra circunstancia.

Así, la comunidad entiende la oración como una auténtica forma de servicio: cuando los pasos ya no pueden llegar a determinados lugares, la oración puede hacerlo.

La Eucaristía, centro de la comunidad

Nuestra vida continúa encontrando en la Eucaristía su principal fuente de fortaleza. La Capilla del convento permanece abierta al culto y celebra la Santa Misa todos los días del año a las 8:25 horas, invitando a cualquier persona que desee participar.

Además, a lo largo del calendario litúrgico, la Capilla acoge distintas celebraciones, especialmente durante la Semana Santa y Navidad, así como las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús, la Inmaculada Concepción, San José y las celebraciones propias de la congregación.

En las novenas que preceden algunas de estas festividades, el Santísimo Sacramento permanece expuesto de 18:00 a 20:00 horas, concluyendo la jornada con el rezo comunitario de Vísperas.

Con estas celebraciones, la comunidad quiere que nuestra Capilla sea también un espacio abierto a la ciudad: un lugar de oración, silencio, encuentro y esperanza para quienes quieran acercarse.

«La misión continúa»

Nuestras hermanas mayores reconocen que ya no pueden realizar la labor de otras generaciones, pero consideran que permanece lo fundamental: el amor a Jesucristo, el deseo de servir a los más necesitados y la confianza en Dios.

La misión se expresa hoy en gestos aparentemente sencillos: compartir el pan con quien tiene hambre, acompañar a una hermana enferma, escuchar a quien necesita ser escuchado o presentar ante Dios las necesidades de quienes les piden una oración.

«El amor no envejece cuando nace de Dios», recuerdan las religiosas, convencidas de que su historia no se construye únicamente con grandes acontecimientos, sino con la fidelidad de cada día.

Por eso, las Siervas de Jesús quieren transmitir un mensaje claro: siguen en León y sus puertas continúan abiertas a quienes necesitan alimento, a quienes buscan una palabra de acogida y a quienes desean encontrar un espacio para la oración.

Nuestra misión, con Dios por delante, continuará mientras podamos seguir tendiendo una mano, compartiendo el pan, acogiendo a quien llama a nuestra puerta y rezando por quienes sufren. Como resume el espíritu que recibimos de nuestra fundadora, Santa María Josefa del Corazón de Jesús, queremos seguir haciendo vida su lema: «Amor y Sacrificio».

Las Siervas de Jesús siguen así presentes en León, viviendo una misión adaptada a sus posibilidades actuales, pero fiel a su origen. De esta manera, continúan poniendo en práctica aquellas palabras del Evangelio que han iluminado su camino: «Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).