Comunidad de Roma
4 de octubre de 2026

Las Siervas de Jesús celebran en Roma el 25.º aniversario del templo dedicado a Santa María Josefa del Corazón de Jesús.

El pasado 2 de octubre tuvimos la inmensa bendición de vivir una jornada profundamente emotiva. Tres hermanas llegamos a la parroquia de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, en Ponte di Nona, Roma, para unirnos a la celebración de los 25 años de la dedicación de su iglesia.

Fue un momento verdaderamente especial de comunión con los feligreses. Nos esperaban el párroco, D. Francesco Rondinelli, y el vicepárroco, D. Fabio Faiola, quienes nos acogieron con una alegría y una calidez que nos hicieron sentir inmediatamente en casa.

Con este hermoso encuentro se dio inicio al triduo de preparación para la celebración jubilar.

La jornada comenzó con el centro de nuestra fe: la exposición del Santísimo Sacramento. Fue un momento de oración profunda, recogida y sincera, compartido con los fieles de la parroquia. En aquel silencio orante se sentía latir la fe viva de una comunidad unida.

Posteriormente, dos de las hermanas tuvieron la oportunidad de compartir un relato muy especial sobre la vida y el legado de nuestra fundadora, Santa María Josefa del Corazón de Jesús, así como la historia de cómo se levantó y construyó este templo.

Recordar aquellos orígenes y contemplar la atención y el cariño con los que los fieles acogían cada palabra convirtió ese momento en una experiencia especialmente agradable y enriquecedora.

Nos encontramos con personas sencillas, cercanas y acogedoras, cuya calidez humana nos conmovió profundamente. Pero, sobre todo, este encuentro nos hizo tomar conciencia, una vez más, de la gran necesidad y del valor que tiene nuestra presencia en esta parroquia, que lleva con tanto honor el nombre de nuestra Santa Madre.

Fue un día lleno de fe, gratitud y comunión. Celebrar un cuarto de siglo de este templo no solo nos permitió recordar su historia y a todas las personas que han dejado huella en ella, sino también sentir de cerca cómo permanece vivo el carisma de las Siervas de Jesús.

Ver a la comunidad reunida, compartiendo la alegría de estos 25 años de oración, acompañamiento y servicio, nos llenó el corazón.

Una celebración jubilar vivida en familia

El 4 de octubre culminó la celebración jubilar con la solemne Eucaristía, en la que tuvimos la oportunidad de participar, con mucha gratitud y alegría, otro grupo de hermanas de nuestra comunidad de Roma.

Fue una fiesta vivida en familia, marcada por la oración, la gratitud y el encuentro entre tantas personas que forman parte de esta comunidad parroquial.

La celebración comenzó con una sencilla y emotiva procesión con la imagen de nuestra Santa Madre por las calles del barrio. Durante el recorrido rezamos fervorosamente el santo rosario, dirigido por el párroco, D. Francesco, intercalando entre los misterios algunos pensamientos de nuestra Madre Fundadora.

Fue un momento de gracia que nos invitó a detenernos, contemplar el camino recorrido y elevar nuestro corazón a Dios para agradecerle las numerosas bendiciones derramadas sobre esta porción de su pueblo.

A continuación, celebramos la Eucaristía con el párroco y el vicepárroco.

En la homilía, el párroco comenzó dando gracias a Dios por estos 25 años de vida y de fe compartida en esta iglesia. Agradeció a la Congregación la viña que había plantado en Ponte di Nona y la presencia de las Siervas de Jesús.

En aquel día de acción de gracias, recordó también a todas las personas que, a lo largo de estos años, han contribuido a hacer crecer la parroquia en la fe y en el servicio.

Nos recordó que somos la viña del Señor y que estamos llamados a seguir dando frutos de amor, fraternidad y esperanza.

En este camino resplandece con especial fuerza la figura de Santa María Josefa, patrona de la parroquia. Su vida fue un canto de amor a Dios, manifestado en la entrega generosa a los más necesitados.

Ella comprendió que la verdadera grandeza cristiana consiste en servir con humildad y alegría. Su ejemplo sigue iluminando nuestra misión y nos recuerda que una comunidad solo permanece viva cuando hace del amor concreto su principal lenguaje.

Después de la bendición final de la Misa, tuvo lugar la veneración de la reliquia de Santa María Josefa, acompañada de la distribución de estampitas con reliquia de nuestra Santa Madre.

Posteriormente, disfrutamos de una hermosa representación musical sobre la vida y la vocación de san Francisco de Asís, escenificada por jóvenes de una parroquia vecina.

Con su entusiasmo y creatividad nos recordaron la importancia de vivir con sencillez, alegría y espíritu de paz y, por encima de todo, de estar atentos, escuchar y responder a la voz del Señor que nos llama, a pesar de los obstáculos.

Una iglesia nacida de la generosidad

¡Cómo no recordar con gratitud los comienzos de esta iglesia!

Las crónicas de nuestra Congregación nos trasladan a 1996, cuando san Juan Pablo II realizaba llamamientos para colaborar en la construcción de nuevas iglesias en las periferias de Roma, como parte de la preparación del Gran Jubileo del año 2000.

En una de aquellas llamadas, realizada durante el Ángelus dominical, el Santo Padre invitaba a los fieles a contribuir generosamente a la construcción de 50 nuevas iglesias destinadas a atender las necesidades pastorales de los barrios de la ciudad.

Las crónicas recuerdan su invitación con estas palabras:

«Dad generosamente».

El llamamiento respondía a una necesidad concreta: continuar la evangelización y facilitar a numerosas familias de las periferias romanas un lugar donde encontrarse, celebrar la fe y crecer como comunidad cristiana. En aquel contexto, las crónicas hablaban de cerca de 500.000 personas que necesitaban una adecuada atención parroquial.

Nuestra entonces Madre General, M. Mercedes Miguel, fiel al espíritu de la Congregación y a su vocación de servicio a la Iglesia, acogió aquella llamada del Santo Padre como una invitación a colaborar generosamente.

De acuerdo con el Consejo General, la Congregación se comprometió a prestar una importante colaboración económica para hacer posible la construcción de una de aquellas iglesias, con la petición de que estuviera dedicada a nuestra Madre Fundadora, entonces todavía beata.

Así nació una obra que, con el paso del tiempo, se convertiría en un hermoso testimonio de comunión entre las Siervas de Jesús y la Iglesia de Roma.

El Señor coronó aquella iniciativa y, el 27 de enero de 2001, a las 17:00 horas, el cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa para la diócesis de Roma, presidió la dedicación de la nueva iglesia de Santa María Josefa del Corazón de Jesús.

La comunidad parroquial, que ya existía desde 1989, encontraba así un templo propio, fruto del esfuerzo de muchas personas y de la generosidad de nuestra Congregación.

Una iglesia visitada por dos pontífices

Inevitablemente, al recordar estos 25 años, volvemos también la mirada a dos acontecimientos muy especiales en la historia de esta parroquia.

El primero tuvo lugar el 16 de diciembre de 2001, cuando san Juan Pablo II visitó la iglesia de Santa María Josefa del Corazón de Jesús. Aquella visita quedó grabada de manera especial en la memoria parroquial y congregacional.

El Santo Padre agradeció expresamente a las Siervas de Jesús su generosa colaboración, que había hecho posible la construcción de esta nueva iglesia dedicada a nuestra Santa Madre Fundadora.

Años después, el 19 de febrero de 2017, la comunidad parroquial recibió también la visita del papa Francisco, que compartió momentos de cercanía y oración con las familias, los jóvenes, los enfermos y las personas que participan en la vida de la parroquia.

Dos visitas que forman parte de una historia de fe y comunión eclesial, y que nos recuerdan que esta iglesia no nació únicamente para levantar unas paredes, sino para convertirse en un verdadero hogar de vida cristiana.

Las verdaderas piedras vivas

Damos gracias al Señor por estos 25 años de historia compartida.

La iglesia de Santa María Josefa es, sin duda, un faro que ilumina Ponte di Nona. Pero las verdaderas piedras vivas son cada una de las personas que forman parte de esta comunidad: quienes rezan, quienes sirven, quienes acompañan, quienes educan en la fe y quienes, día a día, hacen presente el Evangelio en este barrio de Roma.

Que Santa María Josefa siga guiando y bendiciendo a cada una de las familias de esta querida comunidad parroquial.

Y que su ejemplo de amor, entrega y servicio continúe dando fruto en esta iglesia que nació de la generosidad y está llamada a seguir siendo un lugar de encuentro con el Corazón de Jesús.