Comunidad de San Sebastián
23 de septiembre de 2026

Con gran alegría queremos compartir lo vivido durante la celebración de los 75 años de consagración religiosa de nuestra hermana Sor María del Socorro Carazo Abejón.

Desde los preparativos nos acompañó una gran ilusión por celebrar este momento, especialmente por parte de Sor Socorro, que irradiaba una alegría enorme y contagiosa a toda la comunidad.

La jornada comenzó al despuntar el día. Toda la comunidad nos reunimos alrededor de su cama, entonando alegremente el canto «Día grande» y ofreciéndole un hermoso ramo de flores. Su rostro reflejaba alegría, emoción y un profundo agradecimiento.

Son 75 años de un sí incondicional al Señor y 93 años de vida, vividos con esa alegría contagiosa que siempre la ha caracterizado. Una mujer que, con su sentido del humor, ha alegrado tantas casas y ha llevado una sonrisa a tantos enfermos. Hoy, cuando su cuerpo ya no responde como antes, pues depende de una silla de ruedas y apenas puede mover las manos, su espíritu sigue íntegro.

El Señor nos regaló un milagro aquel día. A pesar de su deterioro cognitivo, Sor Socorro estuvo con una lucidez extraordinaria. En los días previos decía que se le estaba haciendo larga la espera hasta que llegara el momento de agradecer a Dios su infinita misericordia para con ella.

Y, con una ilusión de niña, nos pedía que adornásemos todo con globos de vistosos colores y con flores naturales. ¡Nada de flores artificiales! Así se hizo, como ella se merece. ¡Toda una novia!

La llegada de las hermanas procedentes de la Casa Madre y de las comunidades de Tolosa, Logroño y Deusto la llenó de alegría. Disfrutaba saludándolas y sintiéndose tan querida y homenajeada.

A las 17:30 horas celebramos, en la capilla de la comunidad, la Eucaristía de sus bodas de diamante, presidida por nuestro capellán, D. Juan Mari Oleatxea, y animada por un coro de hermanas venidas de otras comunidades.

En la homilía, el sacerdote subrayó la vocación de nuestra hermana y recordó cómo, desde su pueblo natal, Valdeande (Burgos), el Señor se fijó en ella y la llamó, siendo muy joven, a las Siervas de Jesús de la Caridad.

Al cumplirse 75 años de aquella entrega, celebramos con «orgullo» en el Señor una vida ofrecida sin esperar nada a cambio. Una vida marcada por el «A.M.D.G.», vivida en la misión allí donde la obediencia la enviaba, recorriendo los distintos lugares por los que ha pasado.

Coincidiendo esta celebración con la memoria del Padre Pío, el sacerdote resaltó cómo la Eucaristía es el centro de la vida espiritual y la fuerza para cumplir nuestra misión en la Iglesia: «anunciar el Evangelio con testimonio creíble».

Una misión que Sor Socorro ha vivido preocupándose por los enfermos, los ancianos y los niños, desde el «Amor y Sacrificio», que brota de un corazón lleno de felicidad y paz interior.

Toda una gracia de Dios ha sido su vida gastada en acoger, amar, aceptar y reconocer la dignidad del ser humano, siempre dispuesta a darse a los demás desde la oración, el servicio, los sacramentos, la vida en comunidad y el quehacer diario. Todo ello alimentado por la Palabra de Dios, fuente de vida y felicidad.

El momento de las ofrendas fue especialmente emotivo por el significado de cada una de ellas:

Luz: una lámpara encendida, símbolo de sus 75 años de fidelidad, manteniendo viva la llama de la vocación, aun en la noche de la enfermedad.

Flores: símbolo de su carácter alegre, de esa risa que siempre ha regalado para hacer felices a los demás.

Pan y vino: fruto del trabajo y de la entrega diaria, sencilla y escondida, propia de una Sierva de Jesús de la Caridad que ha servido al enfermo y al necesitado con amor.

Durante la Eucaristía estuvo muy atenta, agradecida y pendiente de cada detalle. Sus ojos lo decían todo, ya que sus dificultades de audición no le permitían escuchar completamente lo que sucedía.

Al finalizar la celebración, tuvimos un encuentro fraterno en el que ella también pudo participar y disfrutar, saboreando un rico biscocho preparado especialmente a su gusto.

Con su voz entre cortada, pero con el corazón lleno de alegría, no dejaba de dar infinitas gracias a todos los presentes, a Dios, a la Santísima Virgen y a nuestra Santa Madre Fundadora, Santa María Josefa del Corazón de Jesús.

Celebrar los 75 años de vida consagrada de una hermana como Sor Socorro es celebrar la fidelidad de Dios que sostiene nuestra fragilidad. Es contemplar cómo una vida entregada en lo escondido, en el servicio sencillo y alegre propio de una Sierva de Jesús, da fruto abundante.

Gracias, Sor Socorro, por tu vida. Gracias por enseñarnos que la vocación se vive hasta el final, incluso desde la cama, con una sonrisa y con el corazón agradecido. Gracias por recordarnos que Dios es misericordia infinita.

Que Jesús, a quien tanto has amado y servido, te siga sosteniendo con ternura. Toda tu familia de las Siervas de Jesús te quiere y te encomienda.

¡Felicidades, Sor Socorro! Gracias por tus 75 años de fidelidad. Eres un testimonio vivo de la misericordia y del amor de Dios.