Con la paz de Cristo resucitado, comienza su saludo el recién elegido Papa León XIV, quien aparecía a las 19.23 h. aproximadamente, en el balcón central de la Basílica de San Pedro, con la Plaza abarrotada de gente que estallaba en un ¡Viva el Papa! ¡Viva el Papa!, una aclamación llena de júbilo y agradecimiento al Señor por el nuevo Pastor que regalaba a su Iglesia; un Pastor que transmite su deseo de paz y unidad, esa paz que proviene de Dios y busca construir puentes de diálogo.

Las Siervas de Jesús, en la persona de Madre Martina Espinal, Superiora General, dos Madres del Consejo y dos Hermanas de la comunidad de Roma, una vez más se hacen presentes en un acontecimiento histórico para la Iglesia y el mundo, siendo parte del pueblo fiel, que reunido en la Plaza de San Pedro, la tarde del 8 de mayo se congregaba para esperar la deseada Fumata Blanca, que sorpresivamente aparece a las 18.07 h., la cual salía de la chimenea de la Capilla Sixtina, señal que era elegido el nuevo Papa. La emoción y alegría que brotaba desde el corazón era inexplicable, y unidas a todos los fieles, resonaban nuestras voces en una ovación llena de alegría, dando gracias a Dios junto al repique de campanas que, con gran solemnidad, confirmaba que había sido elegido el nuevo Pastor para nuestra Iglesia.

La Plaza de San Pedro se comenzó a llenar de gente que corría para llegar al momento en que se anuncia solemnemente: “Annuntio vobis gaudium magnum: ¡Habemus Papam!”; mientras se esperaba ese gran instante, todos nos uníamos en la oración y el canto a la Stma. Virgen con la Salve, experimentando la unidad de la Iglesia que en comunión con la Madre del cielo espera a su Pastor.

Después de más de una hora aproximadamente, desde la Logia de las Bendiciones de la Basílica de San Pedro, entre cantos, aplausos y aclamaciones de júbilo, se da el anuncio de ¡Habemus Papam! y el nombre de quien el Señor en su bondad infinita ha elegido como sucesor de Pedro para guiar y acompañar a la Iglesia, el 267º Papa, el Eminentísimo y Reverendísimo Señor Robert Francis Cardenal de la Santa Romana Iglesia Prevost, quien ha elegido el nombre de León XIV. Es un hijo de San Agustín, misionero, conocedor y cercano de la gente humilde y del sufrimiento de los pobres.

Con un semblante sereno, de paz y visiblemente emocionado da su primer saludo, un saludo de paz que lo hace extensivo a todas las personas y a todos los pueblos. Tiene un recuerdo agradecido hacia el Papa Francisco y a su querida diócesis de Chiclayo, Perú, donde las Siervas de Jesús de la Caridad viven este momento con especial emoción, ya que han tenido la gracia de compartir y vivir desde muy cerca la entrega generosa de nuestro ahora Papa León XIV.

Agradecemos a Dios por regalarnos un Papa que trae consigo un mensaje de esperanza, de unidad y de paz para el mundo entero. Que el Señor lo guarde por muchos años, bendiga y acompañe con su Espíritu Santo su misión como Sucesor de Pedro. Que la Stma. Virgen, a quien nos invitó a invocarla con el rezo del Ave María, le proteja y cubra bajo su manto.

Después de haber recibido su primera bendición con Indulgencia Plenaria, regresamos a casa con el corazón desbordante de alegría, confiando en que comenzamos junto al Señor un nuevo camino en la historia de la Iglesia.

Siervas de Jesús de la Caridad. 

Roma