Centro Beata María Josefa, Bilbao, España

«La recuperación es posible cuando una persona encuentra una mano tendida,

un lugar seguro y un equipo humano y profesional

que cree en ella incluso cuando ha perdido la esperanza.»

 

En el Centro de Inclusión Social Beata María Josefa somos testigos de que, mediante un acompañamiento integral, profesional y profundamente humano, basado en la acogida, el respeto, la confianza y el amor al prójimo, es posible reconstruir vidas, recuperar la dignidad y devolver la ilusión por el futuro. El testimonio que compartimos a continuación es el fiel reflejo de esta realidad.

Con enorme generosidad, una de nuestras residentes ha querido compartir su historia de vida y expresar su profundo agradecimiento al Centro y a todas las personas que han formado parte de su proceso de recuperación. Sus palabras narran el camino recorrido desde la vulnerabilidad, el sufrimiento y la exclusión social hasta la recuperación de su salud, su autonomía y su plena integración en la sociedad. Este relato constituye un verdadero testimonio de esperanza, resiliencia y superación, demostrando que, cuando el esfuerzo personal se une a un acompañamiento comprometido lleno de humanidad, siempre es posible volver a empezar.

 

Testimonio de una residente de nuestro

Centro de Inclusión Social Beata María Josefa

Llegué al Centro de Acogida Beata María Josefa en uno de los momentos más difíciles de mi vida. Me encontraba atrapada por la ansiedad, con una gran inestabilidad física, emocional y mental. Además, sufría un problema de consumo de sustancias psicoactivas y vivía una situación de importante exclusión social. Había perdido la ilusión, la fuerza y las ganas de seguir adelante, me encontraba completamente abandonada, tanto física como emocionalmente.

En aquel momento le expresé a mi psiquiatra que ya no quería seguir viviendo de esa manera, que necesitaba una oportunidad para empezar de nuevo. Ella conocía la calidad humana y profesional del Centro de Inclusión Social Beata María Josefa y, convencida de que aquí podría encontrar la ayuda que necesitaba, se puso en contacto con la dirección para solicitar una plaza. Gracias a Dios y a todas las personas que hicieron posible mi ingreso, pude llegar a este Hogar, que hoy puedo decir, sin ninguna duda, que ha sido lo mejor que me ha sucedido.

Cuando llegué estaba profundamente deprimida y desorientada. Apenas podía caminar, utilizaba bastón porque perdía el equilibrio y sufría frecuentes caídas. Había perdido mucho peso porque no me alimentaba correctamente, ni mantenía horarios adecuados para las comidas. Mi salud y vida estaba muy deteriorada en todos los aspectos.

Desde el primer día encontré un equipo humano que se implicó plenamente en mi recuperación. Todos los profesionales me acogieron con respeto, cercanía y cariño, ofreciéndome una atención integral que atendía no solo mi salud física, sino también mis necesidades emocionales, sociales y espirituales.

Por mi parte, decidí dejarme ayudar y colaborar en todo el proceso. No fue un camino fácil. Hubo recaídas e incluso volví a consumir, pero nunca me cerraron las puertas. Al contrario, siempre encontré personas dispuestas a tenderme la mano, a darme una nueva oportunidad y a seguir confiando en mí cuando yo misma había dejado de hacerlo.

Gracias a una alimentación equilibrada, a unos hábitos saludables y al seguimiento constante de los profesionales, fui recuperando poco a poco mis fuerzas. También revisaron cuidadosamente mi tratamiento médico y, de forma progresiva, consiguieron reducir a la mitad la cantidad de medicación que necesitaba. Cada pequeño avance era un paso más hacia la recuperación.

Hoy puedo decir con inmensa alegría que he recuperado mi vida. He vuelto a creer en mí, he recuperado mi salud, mi autoestima y mi ilusión por el futuro. Estoy preparada para iniciar una nueva etapa viviendo de forma autónoma en un piso (apartamento), plenamente integrada en la sociedad. Es un sueño que hace un tiempo parecía imposible y que hoy es una realidad.

Mi agradecimiento hacia este Centro será eterno. Si tuviera que valorarlo, le daría un 10 sobre 10, porque aquí no solo me ayudaron a superar mis dificultades, sino que me devolvieron la esperanza, la dignidad y la alegría de vivir. Todo lo aprendido durante este tiempo permanecerá siempre en mi corazón y me acompañará en esta nueva etapa de mi vida.

Quiero agradecer de manera muy especial a todas las personas que forman parte del Centro de Inclusión Social Beata María Josefa. Cada profesional, desde su responsabilidad, ha contribuido a mi recuperación. Mi gratitud más profunda es para las religiosas, que han sido para mí mucho más que unas profesionales: han sido madres, hermanas, amigas, referentes y un ejemplo de entrega, amor y servicio.

Además, en este lugar he reencontrado mi fe. Aunque tenía raíces cristianas, durante muchos años me había alejado de Dios debido a las circunstancias de mi vida. Aquí he podido redescubrir el valor de la oración, de la esperanza y del amor de Dios. Me marcho con el firme compromiso de seguir creciendo en mi fe y de continuar formando parte de esta gran familia. Siempre que pueda regresaré para participar en la Eucaristía de los sábados, porque este Centro será para mí un lugar al que siempre perteneceré.

Hoy comienzo una nueva vida, pero una parte de mi corazón permanecerá siempre aquí. Gracias por creer en mí cuando yo había dejado de creer en mí misma. Gracias por demostrarme que, con amor, acompañamiento y esperanza, siempre es posible volver a empezar.