Hna. Sigrid Escobedo, SdJ

Comunidad de Vietnam

“Mi alma proclama la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc 1,46)

Con gratitud en el corazón, comparto la alegría que el Señor me ha concedido al celebrar mis 25 años de vida religiosa como Sierva de Jesús de la Caridad. Estos años han sido, ante todo, un camino de fidelidad de Dios, de misericordia recibida y de servicio en los distintos ministerios que se me han confiado.

Transcurridos estos 25 años, aún recuerdo claramente el momento en que dije “sí” a Dios. Fue en junio del año 2000, cuando la Hermana Ana María Arteche visitó nuestro humilde hogar. Aquella iba a ser una visita sencilla, pero fue también entonces cuando decidí ponerme en camino, confiando en el Señor.

Ahora, al mirar atrás, mi corazón rebosa de gratitud por las innumerables bendiciones que Dios ha derramado sobre mí. Cada experiencia, cada comunidad, cada apostolado y cada encuentro me han ayudado a comprender mejor la belleza y la alegría de entregarme a su inmensa misericordia y a su amor. He vivido en distintas comunidades, he compartido la vida con muchas Madres y Hermanas y he recibido el regalo de conocer lugares muy significativos para nuestra Congregación.

Entre esos dones, guardo con especial cariño haber podido viajar a España, sobre todo a la Casa Madre, donde nuestra Santa Madre fundó la Congregación de las Siervas de Jesús de la Caridad. También la Divina Providencia me permitió visitar algunas comunidades de España, entre ellas Vitoria, la ciudad que vio nacer a nuestra Santa Madre, y su casa natal. Verdaderamente, el Señor ha sembrado mucho en mi vida. Que su gracia haga fructificar cada día más todo lo sembrado.

La celebración de mis Bodas de Plata tuvo lugar en nuestra Comunidad de Manila, donde pude compartir este día junto a mi familia, residentes, amigos, Madres y Hermanas que se hicieron presentes para esta ocasión. La Eucaristía fue presidida por dos sacerdotes vietnamitas, algo muy significativo para mí, ya que actualmente mi comunidad está en Ho Chi Minh, Vietnam. Ellos me animaron a seguir fiel a Jesús, pase lo que pase, con la certeza de que su gracia siempre está presente en nuestra vida consagrada.

La Madre Provincial y su Consejo estuvieron presentes, así como toda la Comunidad de Manila, que preparó con tanto cariño cada detalle para que la celebración resultara verdaderamente fraterna e inolvidable. Agradezco profundamente a todas las Madres y Hermanas su presencia, oraciones, apoyo y delicadezas. Cada gesto ha sido para mí un signo concreto del amor de Dios.

Durante esta acción de gracias sentí también muy cercana la presencia de Santa María Josefa, nuestra querida Madre Fundadora, y del Venerable Mariano José, a quienes invocamos pidiendo su intercesión para que sigan cuidando mi vocación. Junto a nuestra querida Madre María y a San José, doy gracias al Señor por el don de mi llamada y por haberme permitido celebrar entre mis hermanas estos 25 años de peregrinación como Sierva de Jesús de la Caridad.

Estos 25 años de vida religiosa son, ante todo, una celebración de la misericordia y fidelidad de Dios. Doy gracias a mi familia religiosa, las Siervas de Jesús de la Caridad, por formar parte de mi camino, por moldear mi vida y por tantas oportunidades y bendiciones recibidas. Vuestra presencia ha sido y sigue siendo para mí fuente constante de fortaleza e inspiración.

Manifiesto mi más profunda gratitud al Consejo Provincial y a todas las Madres y Hermanas de nuestra Provincia Santa María Josefa, que se unieron a mi acción de gracias con su presencia, oración y tantos detalles. Que Dios pague a todos los que me acompañaron de cerca y de lejos. Que el Sagrado Corazón de Jesús derrame sobre todos un caudal de bendiciones.

Al mirar hacia el futuro de mi vocación religiosa, no puedo sino poner mi vida por completo en manos de Dios, cuyo amor es inquebrantable y cuya misericordia perdura para siempre. Hago mías las palabras del salmista: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (Sal 125). Y también las de aquel canto que tantas veces expresa lo que el corazón no alcanza a decir: “Qué detalle, Señor, has tenido conmigo. Quiero cantar tus misericordias para siempre.”