Siervas de Jesús de la Caridad

Comunidad de Valencia

Entre las viviendas de la calle Salamanca, en Valencia, hay una que no pasa desapercibida: el convento de las Siervas de Jesús de la Caridad, su fachada llena de cruces habla por sí sola y deja entrever que entre sus muros se vive algo más que una historia: se vive un carisma.

Esta semana hemos tenido la alegría de compartir un encuentro de formación con la Madre Adriana Mendoza (Prefecta Provincial de Formación), siguiendo el itinerario formativo de este año profundizamos en la segunda parte de nuestro Carisma que es el Sacrificio. La primera, el Amor, ya había sido objeto de nuestra reflexión personal y comunitaria. Ahora hemos entrado en esa dimensión que le da hondura y autenticidad.

Es tema, apasionante, exigente y profundamente actual: porque toca el corazón mismo del seguimiento de Jesús. Él no propone una espiritualidad de dureza, el sufrimiento por el sufrimiento, sino aprender amar como Él, entrando en la lógica del don de sí. La cruz de “cada día” no se reduce a grandes gestos heroicos; incluye la paciencia de lo cotidiano, la fidelidad de lo pequeño, la aceptación serena de lo que no se elige y, sobre todo, la disponibilidad para salir de sí y seguir al Señor allí donde su amor conduce.

En este sentido, la cruz no es una realidad aislada ni un accidente espiritual. Es la forma de vivir del discípulo.

El segundo pilar del carisma, el Sacrificio, entendido no como una negación amarga de la vida, sino como la expresión más alta y purificadora del Amor. A la luz del magisterio del Papa León XIV, el sacrificio es el camino que transfigura la existencia cotidiana en una ofrenda eclesial.

La enseñanza de Santa María Josefa ilumina este Evangelio desde la sensibilidad propia del carisma. La tradición de la Congregación conserva con fuerza su convicción de que la mortificación interior —la negación de la propia voluntad y del amor propio— agrada más al Señor que las penitencias exteriores, y resume toda la espiritualidad en el lema “Amor y Sacrificio”. Esa frase no es una consigna ascética, sino una síntesis espiritual: el amor se expresa en sacrificio, y el sacrificio se vuelve auténtico cuando nace del amor.

En este encuentro hemos tenido momentos para reflexionar juntas, meditar y compartir desde nuestras vivencias personales… no podemos menos de agradecer a la Madre, su cercanía, interés y su enseñanza.

Nuestra comunidad tiene juventud acumulada por ello hablar del Carisma de Sta. M.ª Josefa, nos apasiona a mediana edad, a los 84 y a los 92 en adelante. Simplemente es lo que se ha vivido y se vive.