Madre Hann Suyin A. Escobedo, SdJ
Provincia Santa María Josefa – Filipinas

“AUTORIDAD Y OBEDIENCIA EN LA VIDA RELIGIOSA”

Dirigido por el Padre Ronaldo Berber Manabat

La Asamblea de Superioras, celebrada en Batanes, Filipinas, del 21 al 24 de abril de 2026, fue mucho más que un encuentro administrativo. Fue un verdadero retiro espiritual, un espacio de reflexión profunda sobre la autoridad y la obediencia como pilares de la vida consagrada, vivido en comunión con la belleza de la creación y la fe vibrante del pueblo ivatán.

El primer día, el P. Ronald Manabat nos encaminó hacia la “Comprensión de la autoridad desde una perspectiva bíblica y en la vida de la Iglesia”. Llegamos a comprender que la autoridad no se trata de poder o control, sino de servicio, administración y amor: un amor que está enraizado en Dios, revelado en Jesucristo y vivido en la Iglesia como camino hacia la comunión y la santidad. En síntesis, la autoridad es el amor que asume responsabilidad por los demás, para que todos puedan alcanzar y amar a Dios.

Por la tarde, continuamos profundizando sobre la autoridad. La autoridad en la vida cristiana no se recibe porque seamos los más capaces, inteligentes o dignos, sino porque Dios elige libremente y confía su misión a personas frágiles, para que su poder se revele en ellas. La autoridad se realiza en el amor entregado y no es signo de superioridad. Es un llamado a servir, guiar y amar. No somos elegidos porque somos capaces; nos volvemos capaces porque Dios nos ha elegido.

Después de cada charla, el padre nos ofrecía momentos de reflexión y las madres nos reuníamos para compartir luces y experiencias, enriqueciendo todavía más lo vivido.

En el segundo día de la Asamblea, nos condujo a comprender la autoridad como “un don para la comunidad”. La autoridad viene de Dios y todo lo que proviene de Dios lleva consigo la gracia. Liderar es vaciarse de uno mismo y obedecer es confiar en que Dios actúa a través de otro. Cuando la autoridad se vive como un don y se recibe con fe, se convierte en un reflejo vivo del amor de Dios dentro de la comunidad.

Abrimos el tema de la obediencia en la tarde del segundo día con la reflexión: “Entrega diaria: vivir el ‘sí’ a Dios en cada momento”. Comprendimos que la obediencia no es simplemente un voto, sino un camino de vida: un “sí” cotidiano a Dios, expresado en la escucha, la entrega y el amor, tanto en los momentos sencillos como en los más difíciles. La obediencia se convierte así en una escuela del corazón, donde aprendemos a confiar plenamente en la voluntad divina y a descubrir que, en cada acto de entrega, Dios nos conduce hacia una libertad más profunda y hacia la plenitud de su amor.

El tercer día, la reflexión culminó en la certeza de que la obediencia es fuente de alegría y santidad. El tema “La obediencia como fuente de una vida bendecida y santa” nos llevó hacia la alegría de decir “sí”, pues la obediencia conduce a la bienaventuranza y a la santidad. Comprendimos que la obediencia no es una carga, sino una gracia que conduce a la alegría interior y a la santidad al unir nuestra voluntad con la voluntad de Dios en Cristo.

La obediencia, vivida con fe y amor, se convierte en un camino de libertad interior, porque al rendir nuestra voluntad descubrimos que Dios nos conduce hacia la plenitud de su plan. Decir “sí” cada día es abrir el corazón a la gracia, y en ese abandono confiado encontramos la verdadera paz. Así, la obediencia no nos disminuye, sino que nos eleva, porque nos hace partícipes del mismo amor obediente de Cristo y de María, que transformó el mundo con su entrega total.

Peregrinación en Batanes

Nuestro encuentro se complementó con un recorrido por las antiguas iglesias y por la isla de Sabtang, lo que nos permitió experimentar la obediencia como fidelidad cultural y espiritual. La comunidad ivatán, que ha sabido custodiar sus tradiciones frente al paso del tiempo, nos inspiró a preservar también nuestro legado espiritual con gratitud y responsabilidad. La creación misma nos habló de la autoridad divina que ordena el universo con armonía y nos invita a obedecer su providencia.

El 24 de abril, la Asamblea alcanzó su momento más solemne con la entronización de Santa María Josefa en la Catedral de Basco. La homilía del Padre Manabat nos recordó las virtudes de nuestra Madre Fundadora y la vigencia de su carisma en nuestras comunidades. La veneración de la imagen entronizada selló la experiencia: Santa María Josefa permanece ahora como presencia espiritual en el corazón de Batanes, signo de comunión entre nuestra Congregación y el pueblo ivatán.

A modo de conclusión, la Asamblea de Superioras en Batanes nos dejó una enseñanza clara: la autoridad y la obediencia, vividas desde la fe y el amor, son caminos de comunión, libertad y santidad. En ellas florece la misión, como florece la creación misma, y en ellas se encarna el legado de nuestra Santa Madre Fundadora, que sigue iluminando el camino de las Siervas de Jesús.