Hna. Uvaldina López, SdeJ
Hna. Estefanía Dote, SdeJ
Asunción, Paraguay.
14 al 16 Julio 2026
Con profunda gratitud al Señor, las hermanas Uvaldina y Estefanía participamos en la 67.ª Semana Nacional de la Conferencia de Religiosos y Religiosas del Paraguay (CONFERPAR), celebrada bajo el lema “Llamados a cultivar la esperanza vocacional”. Este encuentro constituyó un verdadero espacio de comunión, formación y discernimiento, donde religiosos y religiosas de diversos carismas compartimos la riqueza de nuestra vocación y renovamos el compromiso de seguir respondiendo con generosidad al llamado de Dios. Durante estos días nos acompañaron las reliquias de San Roque González, San Francisco de Asís y San Carlo Acutis.
La apertura de la Semana Nacional se inició con la celebración de la Eucaristía presidida por Mons. Gabriel Escobar Ayala, SDB, Obispo del Vicariato Apostólico del Chaco Paraguayo. En su homilía, inspirada en el lema «Llamados a cultivar la esperanza vocacional», invitó a los consagrados y consagradas a mirar el presente con los ojos de la fe, sin dejarse vencer por el desánimo ante la disminución de vocaciones. Recordó que la esperanza cristiana no se fundamenta en estadísticas ni en estrategias humanas, sino en la certeza de que Dios continúa llamando y actuando en la historia.
El Obispo exhortó a la Vida Consagrada a volver al «primer amor», renovando el encuentro personal con Jesucristo, fuente de toda vocación. Señaló que la mayor necesidad de la Iglesia no es la falta de vocaciones, sino la falta de testigos alegres y auténticos, capaces de contagiar con su vida la belleza del seguimiento de Cristo. Asimismo, animó a fortalecer la intercongregacionalidad, a perder el miedo de invitar a los jóvenes a discernir su vocación y a perseverar en la oración confiada, convencidos de que el Señor sigue sembrando esperanza en el corazón de quienes llama.
Sus palabras se convirtieron en el hilo conductor de toda la Semana Nacional, renovando en los participantes el compromiso de ser sembradores de esperanza y promotores de una auténtica cultura vocacional.
Durante las jornadas se desarrolló un itinerario de reflexión que nos invitó a ver, escuchar, discernir y caminar juntos, en un auténtico espíritu sinodal. Los diferentes momentos de oración, conferencias, testimonios y trabajos compartidos nos permitieron profundizar en los desafíos que hoy enfrenta la Vida Consagrada y descubrir, una vez más, que la esperanza continúa siendo la fuerza que anima nuestra misión.
Entre los espacios formativos se destacó la conferencia de la Hna. Delfina Barrera titulada «La Cultura Vocacional: desafío actual para la Vida Consagrada y la Iglesia». Su exposición invitó a mirar la realidad desde la experiencia de Nicodemo, proponiendo un verdadero renacer desde el Espíritu para responder a los desafíos del tiempo presente.
La ponente describió un mundo marcado por la incertidumbre, la inmediatez y la cultura digital, donde los jóvenes buscan autenticidad, sentido y relaciones verdaderas. En este contexto, la Vida Consagrada está llamada a ofrecer comunidades que sean espacios de encuentro con Cristo, de fraternidad y de servicio, más que estructuras preocupadas únicamente por su continuidad.
Con preguntas profundamente interpelantes, invitó a revisar nuestra propia vivencia vocacional: ¿Lo que hoy vivimos como consagrados lo propondríamos con alegría a un joven? ¿Nuestras comunidades reflejan realmente el Evangelio? Estas reflexiones nos ayudaron a comprender que la promoción vocacional comienza por la autenticidad del propio testimonio.
Finalmente, destacó la necesidad de una pastoral juvenil vocacional creativa, capaz de responder a las búsquedas de las nuevas generaciones, fortaleciendo la espiritualidad, la misión compartida y la apertura a nuevos caminos evangelizadores.
Las diversas experiencias compartidas durante la Semana Nacional nos permitieron acercarnos a las realidades que viven tantas personas en las periferias geográficas y existenciales del Paraguay. Los testimonios sobre quienes sufren las consecuencias de las adicciones, las personas privadas de libertad, las comunidades afectadas por la explotación indiscriminada de los recursos naturales, los pueblos originarios y las poblaciones más vulnerables nos recordaron que la Vida Consagrada está llamada a hacerse presente allí donde la dignidad humana es herida y donde la esperanza necesita ser cultivada.
Asimismo, resultó profundamente enriquecedor conocer el testimonio de las comunidades religiosas que desarrollan su misión en lugares de frontera, especialmente la experiencia compartida desde Bahía Negra, signo vivo de una Iglesia cercana a los pobres, comprometida con la promoción humana y abierta a construir, junto a otros, un mundo más fraterno.
La Semana Nacional también nos condujo a volver al origen de nuestra propia vocación. Renovar el recuerdo del primer encuentro con Jesucristo nos permitió reconocer que toda llamada nace del amor gratuito de Dios y que la fidelidad se fortalece cuando permanecemos unidos a Él. Este ejercicio de memoria agradecida renovó en nosotras el deseo de continuar sirviendo con alegría, disponibilidad y confianza.
El lema que acompañó este encuentro encontró una expresión concreta en la invitación a “poner más corazón en nuestras manos”. Esta frase resume el espíritu de la Semana Nacional y constituye un llamado a vivir una consagración más cercana, compasiva y fraterna; una vida capaz de escuchar antes que juzgar, de acompañar antes que señalar y de caminar junto a quienes más necesitan experimentar el amor de Dios.
Otro aspecto que resonó con fuerza fue la importancia de fortalecer la intercongregacionalidad, promoviendo una mayor comunión entre los distintos institutos religiosos. Los desafíos actuales superan las posibilidades de cada congregación por separado y requieren unir carismas, dones y esfuerzos para responder, con creatividad evangélica, a las necesidades de nuestro tiempo.
Como Siervas de Jesús de la Caridad regresamos a nuestra comunidad profundamente agradecidas por esta experiencia eclesial. Llevamos con nosotras la riqueza de los encuentros vividos, la fuerza de la oración compartida y el compromiso renovado de seguir promoviendo una auténtica cultura vocacional, convencidas de que Dios continúa llamando y que nuestra misión es ayudar a descubrir y acompañar esa llamada.
Que María, mujer del “sí”, y Santa María Josefa, nuestra fundadora, nos animen a seguir caminando con esperanza, llevando un corazón disponible allí donde la vida clama, Dios llama y la esperanza necesita ser cultivada.
Con profunda gratitud.








