Hna. Gloria Diana Santa Cruz, SdeJ
Comunidad de Palma de Mallorca
En nuestra vida hay un momento donde nos encontramos con nosotras mismas y experimentamos el paso de Dios por nuestra vida, que se manifiesta, no de forma extraordinaria, sino todo lo contrario; Dios siempre se hace presente en lo pequeño y cotidiano.
Hoy, después de casi cuatro años en esta misión con los niños, entre risas, llantos y abrazos, me doy cuenta que estar con ellos es un aprendizaje continuo, aprendes a valorar aquellas pequeñas cosas que con los años se van perdiendo. Desde que llegué a esta guardería, puedo decir que se ha convertido en una escuela de enseñanza, ya que a través de sus miradas, ocurrencias y cariño me han devuelto esa ilusión y admiración por todo lo creado y sobre todo, a vivir el momento presente con agradecimiento, algo que los adultos olvidamos muy a menudo.
Un día, observando a un niño como se divertía y era feliz con una pequeña pluma que había encontrado en el patio, yo reflexionaba en mi interior que de esta manera Dios ha creado todas las cosas para que podamos cuidarlas, admirarlas y demos buen uso de ellas y aunque muchas veces parezcan pequeñas e insignificantes es suficiente para hacernos felices; porque de eso se trata nuestra vida consagrada, no en desear grandes cosas sino agradecer y valorar lo que tenemos, ya que sin darnos cuenta dejamos pasar tantas cosas por estar ensimismadas en nuestras cosas.
Formar parte de este apostolado no es solo cuidar niños, sino que va más allá; ya que vuelves a tener esa capacidad de asombro, de paciencia, de alegría y ayudarlos en sus primeros años de vida a que se sientan seguros y queridos. Al igual que una plantita, para que pueda crecer sana y fuerte, tenemos que regarla y cuidarla mucho.
Termino citando un poema de Miguel de Unamuno que refleja con claridad ese deseo de tener esa inocencia de un niño para poder acercarnos a ese Dios que es nuestro Padre y siempre está esperándonos con los brazos abiertos.
“Agranda la puerta, padre, porque no puedo pasar, la hiciste para los niños, yo he crecido a mi pesar, si no me agrandas la puerta, achícame por piedad; vuélveme a la edad bendita en que vivir es soñar………”






