Por una Sierva de Jesús
HE AQUΊ EL HOMBRE
(Jn. 19,5)
Jesús el Nazareno,
Hijo de María y de José, el carpintero,
de la Santísima Trinidad, es el Hijo,
el Verbo, el Encarnado,
por los Magos, adorado.
Desde niño fue perseguido,
el Creador, el Salvador y Señor del universo.
En su lozanía, vivió escondido.
Bajo la sombra del Altísimo, creció.
Lo cotidiano, en la carpintería, lo santificó.
Cuando llegó el tiempo, salió al mundo,
pero la gente no le reconoció,
su voz, solo entre los pobres, se oyó.
Para inaugurar su misión, fue bautizado.
Desde el cielo, una voz dijo: Este es mi Hijo, el predilecto, escuchadlo.
Fue llevado al desierto, allí, estuvo tentado.
Con oración y ayuno, sobre la batalla, triunfó.
Se hizo carpintero, se hizo pastor, se hizo gran maestro.
Pero para los letrados, un blasfemo y un escándalo.
Solo entre los sencillos y necesitados, fue acogido y reconocido.
Llevado su amor al extremo, fue entregado.
Por 30 monedas de plata, fue vendido.
Un hombre, con nombre y apellido, lo entregó.
¿Acaso también le vendo? ¿Por cuánto? ¿A cambio de qué?
Cuando iba a ser entregado, en la Ultima Cena, dejó su testamento:
El lavatorio de los pies como cátedra de grandes enseñanzas,
La Eucaristía, como sede de su presencia, real y permanente,
El amor como vínculo universal y definitivo.,
El Sacerdocio, para perpetuar su sacrificio.
Oró profundamente al Padre: “Que pase de mi este cáliz,
Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”.
El autor de la vida fue condenado a la muerte,
le cargaron con el peor suplicio: azotes,
corona de espinas, camino de amargura… y muerte en la cruz.
¡Oh Cruz dichosa! el peor suplicio,
se convierte en el trono del Rey Eterno.
Oh Cruz, cuan esquivada eres
No pareces agradable, sino repelente.
Pero para los creyentes, sí, la Cruz es la más amada.
Es la fuente inagotable de todo lo bueno,
lo necesario y deseado:
la paz, el gozo, la salvación, la fuerza, el perdón
y por encima de todo,
se convierte en FUENTE DE VIDA.
Oh Cruz, donde Cristo estuvo clavado,
Te adoro y a ti me abrazo.
Mi Redentor fue condenado a morir en ti.
Muriendo, la convirtió en árbol de la vida y fuente de salvación.
Vedme a tus pies, Jesús crucificado,
Quisiera brindarte algún consuelo,
Quisiera corresponder a tu amor, aunque poco.
CRISTO CRUCIFICADO, MUERTO EN LA CARNE, VIVO EN EL ESPIRITU.
MI ESPOSO, QUISIERA QUE SEAS MI ESPEJO.
TE DOY GRACIAS Y TE SUPLICO, SÉ MI PASTOR, MI SALVADOR Y MI MAESTRO.
AMEN.



