Sor Carmen Señor, SdeJ

Sierva de Jesús de la Caridad

¡ALABADO SEA JESUCRISTO!

 

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Sí, el Señor ha estado grande en mi vida, y no hay palabras para agradecer tanto beneficio recibido, ya desde antes de nacer…, cómo que Él haya pensado en mí, me haya elegido, predestinado, dotado, enviado y llenado de su Amor. Me siento envuelta en su abrazo y adornada con sus joyas, por eso ¿Cómo pagaré al Señor, todo el bien que me ha hecho?

Celebro mis Bodas de Oro de vida religiosa con un espíritu desbordado de gozo, agradecimiento y gratitud. Para ello me he preparado con unos días de retiro, estando a solas con Él, disfrutando de su soledad sonora y dejando que hable a mi corazón.

La víspera pedí tener un concierto-oración en la parroquia del Corazón de María, en el que estuve acompañada por Madre Martina, nuestra superiora general, Madre Raquel secretaria general, algunas Hermanas que llegaron desde la víspera y, especialmente, por mi comunidad, que se ha desbordado en preparativos y atenciones. El concierto-oración estuvo a cargo del cantautor católico Vicente Castellanos, con reflexiones de su esposa Teresa Gallego y lecturas que hicieron algunas Hermanas; fue muy entrañable.

Al día siguiente, fiesta de la Virgen de Lourdes, volvimos a la parroquia del Corazón de María para la celebración de la Misa. Ahí estaba mi familia, la comunidad de Logroño, Madre Martina y Madres de los consejos General y Provincial, residentes, Laicos Siervos de Jesús, Hermanas venidas de otras comunidades y amigos. Fue presidida por el P. Abel Pino, misionero Claretiano, párroco y superior de la comunidad. Pedí que la Misa fuese de Pentecostés, y el P. Abel comenzó la celebración pidiendo al Espíritu Santo que se derramase sobre la asamblea, sintiendo desde el primer momento su Presencia. Fue una celebración sencilla, profunda, familiar, donde se sentía un amor desbordante. Creo que todos quedamos llenos de una Presencia que nos habitaba, que era el Don de Dios, su Espíritu y su Amor. Volví a renovar mi entusiasmo, mi amor, mi entrega, mis votos y mi deseo de santidad. Y al final di gracias a Dios, a mi familia, a la Congregación, a Madre Martina, y a todos los asistentes.

Gracias, Señor, por llevarme tatuada en tus manos y dentro de tu Corazón, por el don de la vida y por elegirme para vivir en esta Congregación de Siervas de Jesús que tanto amo.

Que no perdamos nunca el amor primero, enamorémonos de Dios sintiéndonos hijos muy amados. Gracias a todos.

Logroño, 11 de febrero 2026