Madre M.ª Isabel Márquez Martín, SdeJ
Madrid, 12 de enero de 2026

Del 10 al 12 de enero se celebró en Madrid la Asamblea de Superioras de la Provincia Virgen del Pilar, bajo el lema: “El Servicio de la Autoridad y la Obediencia”, fundamentado en el amor y el servicio y, para nosotras, Siervas de Jesús, en el espíritu de Amor y Sacrificio.

Este encuentro respondió a la necesidad permanente de formación y reflexión. Escuchar la enseñanza, la experiencia y la sabiduría acumulada a lo largo de la historia de la vida consagrada nos ayuda a iluminar nuestra misión actual. En nuestro caso, esta formación se concreta en el legado de nuestra Santa Madre Fundadora: un carisma de amor, entrega y servicio hasta dar la vida. Recordamos especialmente su deseo, convertido en petición para las Siervas de todos los tiempos:

“Vivan unidas en caridad y amor de Dios, para que siga adelante esta pequeña nave del Instituto, que tantas lágrimas y sacrificios nos ha costado”.

Más allá de la riqueza doctrinal del tema, uno de los aspectos más valiosos de la Asamblea fue el espacio de diálogo y puesta en común. Escuchar las experiencias de cada superiora permitió reconocer luces, caminos recorridos y desafíos compartidos en la misión.

Las intervenciones coincidieron en señalar la importancia de servir con amor, practicar la escucha y vivir con coherencia la vocación religiosa. Asumir el servicio de autoridad implica configurarse con Cristo obediente a la voluntad del Padre, recordando que la fidelidad a Dios comporta también la dimensión del sacrificio: “Él aprendió, sufriendo, a obedecer”.

Solo desde el modelo de Cristo, especialmente desde Cristo Crucificado, puede ejercerse la autoridad como auténtico servicio. De este modo, la superiora está llamada a ser hermana entre hermanas, caminando al ritmo de cada una, valorando sus deseos, capacidades e ilusiones.

Cada hermana aporta su singularidad al servicio de una misma misión. Iguales en dignidad y vocación, distintas en talentos y caminos, todas orientadas hacia una meta común.

La Asamblea puso de manifiesto que la autoridad y el servicio son realidades siempre actuales, con nuevos retos en cada contexto histórico. Como herederas de una tradición viva, seguimos caminando tras las huellas de Cristo, de nuestra Fundadora y de tantas Siervas de Jesús que nos precedieron.

Que nuestro paso por la historia sea fidelidad al carisma recibido, testimonio de comunión y estímulo para las generaciones futuras.