Madre Martina Espinal Espinal
Superiora General

 

Bilbao, 17 septiembre de 2025.

 

 

CARTA CIRCULAR ESPECIAL

 25º ANIVERSARIO DE LA CANONIZACIÓN DE SANTA MARÍA JOSEFA

“Siervas de Jesús, esperanza en un mundo herido”

 

Querida Familia Carismática en Cristo:

Hermanas Siervas de Jesús de la Caridad,

Religiosos Siervos de Jesús de la Caridad,

Laicos Siervos de Jesús de la Caridad,

Bienhechores, Amigos y Colaboradores todos:

Con gran alegría me comunico con ustedes, a pocos días de unirnos en la celebración del 25º aniversario de la canonización de Santa Mª Josefa del Corazón de Jesús, el 1 de octubre, fecha especial para todos, recordando que en el año 2000 fue proclamada “Santa” por nuestra Madre Iglesia y nos recuerda que, como ella, ¡todos estamos llamados a ser santos!

Dentro del marco del Año Jubilar que estamos viviendo, hermoso tiempo de gracia y bendición, la Iglesia nos invita a caminar con esperanza y a ser esperanza en este mundo herido, marcado por la violencia, el odio y la división. Santa María Josefa también es un modelo de esperanza y fidelidad hoy, su presencia viva a través de nosotros sus hijas e hijos nos impulsa a transformar el mundo del dolor y sufrimiento en un mundo de caridad, compasión y servicio. Ella nos dice: “Trabajen cuanto puedan en la salvación de las almas, ya que el Señor nos ha elegido para hacer bien a los demás por el ejercicio de la caridad; después tendremos una eternidad para disfrutar el premio” (Cfr. Máxima 20 de mayo).

Santa María Josefa, conocida con el nombre de Madre Corazón, fue dócil al Espíritu Santo, aceptó una misión y la cumplió fielmente: Ser reflejo del Corazón de Jesús para los enfermos, ancianos, niños, necesitados, para sus hermanas, para todos. El carisma personal del amor de Cristo que recibió, se transformó en un carisma al servicio de la Iglesia, convirtiéndose en una “mujer de Comunión para todos”; ya no es propiedad del Instituto, sino patrimonio y modelo de toda la Iglesia. Si la contemplamos, llegamos a la conclusión de que la santidad tiene muchos rostros, pero solo tiene un único corazón: el corazón libre del egoísmo, que palpita de amor por Dios y está dispuesto a servir a los demás, como el de Cristo.

Santa María Josefa se decidió por Dios y le quiso pertenecer en todo y sobre todo. Descubrió que los hechos y acontecimientos cotidianos pueden vivirse impregnados de Amor, aunque suponga Sacrificio. Su fuente inagotable fue Cristo, bebió y dio a beber a los más necesitados de esa agua que salta hasta la vida eterna. Miró con la mirada de Cristo, con esa mirada que renueva todas las cosas.

Por medio de esta carta quiero transmitirles el gozo que siento al estar unidos a todos como una familia. Celebrar este aniversario es agradecer a cada uno por su amor y cariño, sus gestos de ternura, sus miradas y sonrisas amables, gracias por su servicio y entrega silenciosa en las cosas más sencillas y a veces sin reconocimiento. Dios nos llama a seguir sembrando esperanzas, cada uno desde su lugar, aportando nuestro diario granito de arena para renovar el corazón de la humanidad haciendo realidad nuestro lema de Amor y Sacrificio en el hoy de nuestra historia. “Sean compasivos con los pobres enfermos; en el lecho del dolor todos son necesitados por la enfermedad y háganles las cosas como quisieran que se las harían si se encontrasen en su lugar; la medida más segura para obrar en conciencia es ponerse siempre de parte del que sufre”. (Máxima 26 de febrero)

Gracias queridas hermanas y hermanos, por su valor y por atreverse a vivir la santidad de cada día. Les invito a seguir unidos participando en las Eucaristías que se celebrarán en las comunidades o parroquias cercanas por el aniversario de canonización de nuestra Santa Madre, renovemos nuestra entrega y vivamos este tiempo de gracia en total comunión y agradecimiento ¡Feliz día para todos!

Que Santa María Josefa nos siga bendiciendo y cuidando con ternura, decidamos imitarla y acudamos a ella con gran confianza y devoción. Presentemos también nuestras necesidades a nuestro Padre Mariano José, para que, ayudándonos e intercediendo por los enfermos y necesitados, pueda un día ser también reconocido como modelo de santidad para toda la Iglesia, como era el deseo de nuestra Santa Madre.

Bajo la protección de la Santísima Virgen María y nuestra Santa Madre me despido con un cariñoso abrazo, unido a la oración.

 

Hna. Martina Espinal Espinal

Superiora General