Siervas de Jesús de la Caridad
Comunidad de Valencia

Nuestra comunidad vivió una jornada profundamente significativa con la celebración de las Bodas de Diamante de Sor Sagrario Sánchez de Pardo, con motivo de sus 75 años de fidelidad y entrega.

La Madre y las hermanas preparábamos con ilusión cada detalle de la celebración. El día 20 de diciembre fue el día culminante. La jornada comenzó al despertarla con las mañanitas; en su rostro se reflejaba, tras una leve sonrisa y el brillo de sus ojos, la emoción del momento.

Durante la mañana llegó su hermano con toda su familia; grandes y pequeños la acompañaron.
También llegaron las hermanas de Alicante y Castellón, amigos y conocidos, y así nos fuimos acercando a las 12 del mediodía, cuando se celebró la Eucaristía.

Fue un momento solemne y profundamente agradecido, en el que dimos gracias a Dios por la vida y vocación de nuestra hermana, conscientes de que no todos llegan a celebrar unas Bodas de Diamante.

Como introducción a la celebración, se leyeron unas palabras de agradecimiento de Sor Sagrario, en las que expresó con sencillez y profundidad su vivencia vocacional:

“Hoy solo puedo decir:
¡Gracias, Señor, por tu fidelidad!
Hoy siento la alegría de haber perseverado hasta este momento, haber seguido en mi vocación de Sierva de Jesús.
No me pena nada, porque está el Señor de por medio; me siento ¡feliz con mi vocación de Sierva de Jesús de la Caridad!
Reconozco que, a mi edad y con la enfermedad, la vida se me vuelve cuesta arriba y es verdad que a veces me cuesta sonreír; siento la ayuda de Dios y de la Madre y hermanas que, con tanto cariño, me cuidan de día y de noche.
Con la ayuda de Dios he sido capaz de creer en un amor eterno, para siempre, ¡hasta el cielo!”

Durante la homilía, el Padre Sierra, O.P., destacó el significado de estos 75 años vividos como respuesta fiel a la llamada del Señor. Se recordó que Dios sale a nuestro encuentro, nos invita a su fiesta y camina con nosotros incluso en los momentos de cansancio y dificultad.

El camino de Sor Sagrario, siguiendo los pasos de la Fundadora Santa M.ª Josefa, ha sido una vida de servicio a los demás, especialmente a los más necesitados. Como recordaba San Agustín: “Amando al prójimo, limpiamos nuestros ojos para ver a Dios”.

Tras la Eucaristía, compartimos una comida fraterna rodeadas del cariño de las hermanas y su familia. Se degustó una deliciosa paella valenciana, acompañada de la tradicional tarta y el esfuerzo de apagar las velas. Las hermanas animaron con cantos y poesía preparados para la ocasión.

La celebración concluyó con la entrega de los regalos y la despedida de las Madres, familiares y hermanas que nos acompañaron, dejando en todos un profundo sentimiento de alegría y gratitud.