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Sor Nancy María Méndez Alcántara, SdJ

 

Nos encontramos ante una fecha memorable: el 1 de octubre de 2025, día especialmente significativo para todas las Siervas de Jesús, al cumplirse 25 años de la canonización de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, nuestra Fundadora. Con profundo gozo celebramos este aniversario en el que fue elevada a los altares e inscrita en el canon de los santos. Elevamos el corazón al Señor en una acción de gracias por el don inmenso que representa para la Iglesia y para el mundo la vida y el testimonio luminoso de nuestra Santa Madre. Es un momento de gratitud profunda y de renovación del espíritu.

Su entrega generosa a Dios, su amor ardiente al Corazón de Jesús, y su dedicación incansable al servicio de los niños, los ancianos, los enfermos y los más necesitados, siguen siendo hoy luz y guía para quienes desean vivir la caridad cristiana de manera concreta y comprometida. En ella contemplamos a una mujer de fe profunda, capaz de descubrir el rostro sufriente de Cristo en cada enfermo. Su vida es un canto de misericordia, ternura y compasión, que nos invita a salir de nosotras mismas para ir al encuentro del hermano con gestos sencillos pero llenos de amor.

“Aunque fundó nuestro Instituto en el siglo XIX, Santa María Josefa es una mujer de hoy. Siempre estuvo atenta a los signos de su tiempo, abierta a las necesidades de la sociedad y dispuesta a responder con fe y caridad. Su vida nos recuerda que la santidad no es cosa del pasado, sino una realidad siempre actual y nueva.”

Nuestro lema, “Amor y sacrificio”, encuentra en ella su expresión más auténtica. Nuestra Madre supo amar sin medida y sacrificarse con alegría por los pobres y los olvidados. En su corazón cabía todo aquel que sufría, porque en cada uno veía el rostro del mismo Cristo.

A lo largo de este cuarto de siglo desde su canonización, su figura sigue inspirando a religiosos, laicos, familias y comunidades enteras a vivir con mayor fidelidad el Evangelio. Su carisma no ha perdido vigencia: amar y servir con alegría, en lo pequeño y en lo oculto, confiando siempre en la Providencia divina.

En este aniversario, nosotras, las Siervas de Jesús, queremos renovar nuestro compromiso de vivir como ella: en clave de amor y sacrificio, con un corazón abierto y sensible a los desafíos de nuestro tiempo. Reavivamos en nuestras comunidades el deseo de seguir sus huellas, creciendo en el amor al Corazón de Jesús, a la Virgen María —nuestra Madre del cielo— y a San José. No queremos olvidar un recuerdo especial para don Mariano José, cuya entrega alegre y generosa nos impulsa a vivir con autenticidad el carisma que ambos nos han legado.

Damos gracias a Dios, fuente de toda santidad, porque en Santa María Josefa del Corazón de Jesús nos regala un ejemplo luminoso de entrega y una intercesora cercana que acompaña nuestro caminar en medio de este mundo herido en el que vivimos.

Este año, como Instituto, caminamos bajo el lema: “Esperanza en un mundo herido”. Desde esa certeza, sentimos que la figura de nuestra Madre ilumina con fuerza nuestro compromiso de ser presencia cercana allí donde la humanidad sufre. Su ejemplo nos anima a no rendirnos ante las dificultades, a confiar siempre en el Corazón de Jesús y a llevar a todos la ternura de Dios que sana y libera.

Este aniversario coincide providencialmente con el Año Jubilar de la Iglesia, bajo el lema “Peregrinos de la Esperanza”. Y cómo no reconocer en nuestra Madre Corazón a una verdadera peregrina de la esperanza: una mujer firme, adelantada a su tiempo, capaz de demostrar con su vida que la fe se hace concreta en el servicio y en la compasión.

Que Madre Corazón siga inspirándonos a caminar juntas, llevando consuelo, esperanza y ternura a todos los que el Señor ponga en nuestro camino.

“Madre Corazón: gracias por enseñarnos a vivir con amor y sacrificio, y a llevar esperanza a un mundo herido.”

Por último, quiero compartir esta oración que brota de mi corazón:

Oración solemne de acción de gracias

Dios Padre de bondad y de misericordia,
te alabamos y bendecimos por el don precioso de la vida y santidad
de Santa María Josefa del Corazón de Jesús,
que en el seno de tu Iglesia supo reflejar la ternura de tu Hijo
y la compasión ardiente de su Corazón traspasado.

Te damos gracias por estos 25 años de su canonización,
en los que su ejemplo ha sido luz para los consagrados,
consuelo para los enfermos
y esperanza para los que sufren en silencio.

Gracias por su vida entregada en humildad, silencio y sencillez,
Por su corazón abierto a los  signos de los tiempos,
Porque sigue siendo hoy un ejemplo vivo para tu Iglesia.

Concédenos, Señor, por su intercesión,
vivir fielmente el espíritu de amor y sacrificio,
abrir nuestros corazones a las necesidades de este tiempo,
y ser, como ella, signo vivo de tu caridad en el mundo.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


1 de octubre de 2025