Siervas de Jesús

Comunidad de Valladolid

Una herencia de amor y servicio que sigue viva

El 18 de mayo, nuestra comunidad del Hospital Sagrado Corazón de Jesús de Valladolid vivió con profunda alegría y gratitud la fiesta de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, madre y fundadora de nuestra congregación de las Siervas de Jesús de la Caridad.   En esta fecha tan significativa quisimos recordar, una vez más, el carisma, la valentía, la fe y la visión de futuro que tuvo nuestra Santa Madre, quien supo responder con amor y entrega a las necesidades de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo. Un legado que continúa plenamente vivo hoy, encarnado en nosotros, sus hijos e hijas, y también en todas aquellas personas que comparten nuestra misión de servicio y cuidado a los enfermos.

Este año deseamos que la celebración no quedara únicamente dentro de la comunidad religiosa, sino que pudiera ser compartida también por todas las personas que colaboran diariamente en nuestro hospital. Por ello, aun en medio del trabajo y de las responsabilidades cotidianas, organizamos con ilusión los horarios para que quienes lo desearan pudieran participar en la celebración eucarística, que tuvo lugar a las 11:00 de la mañana.

Con sencillez y mucho cariño, preparamos además un pequeño detalle para los trabajadores: unas pulseras y llaveros acompañados de un delicado pergamino que contenía un mensaje personal de nuestra Santa Madre. La preparación de estos obsequios fue una tarea compartida entre todas las hermanas, mientras unas recortaban los pergaminos, otras los enrollaban cuidadosamente y los ataban con una pequeña cinta que después se unía al brazalete o llavero. Fueron momentos sencillos, pero llenos de fraternidad y alegría, en los que cada detalle era preparado con amor.

Durante la jornada festiva, y mientras el hospital continuaba con su actividad habitual al servicio de los enfermos, fue nuestra madre superiora, Madre Ángeles, quien se encargó de repartir personalmente estos recuerdos a los trabajadores. Muchos de ellos los recibieron con verdadero entusiasmo e interés, leyendo con atención las palabras de Santa María Josefa que guardaban aquellos pequeños pergaminos.

Algunos trabajadores quisieron también unirse a la celebración eucarística: personal de administración, auxiliares de enfermería, recepción, amigos y hermanas compartimos juntos este momento tan especial, sintiéndonos una sola familia al servicio de quienes más nos necesitan.

La Eucaristía comenzó solemnemente con una emotiva monición de entrada que nos recordó la vida y obra de nuestra Santa Madre, así como el espíritu de amor y sacrificio que ella nos dejó como herencia. Se destacó especialmente cómo hoy continúa confiándonos la misión de seguir cuidando a los demás, especialmente a los enfermos, con ternura, entrega y esperanza.  Asimismo, se subrayó que tanto trabajadores como hermanas formamos un único equipo humano y espiritual, unidos en la misión de ofrecer no solo atención corporal, sino también cercanía, consuelo y cuidado del alma a cada persona que llega a nuestro hospital.

Tuvimos además la alegría de contar con la presencia de nuestros dos capellanes concelebrantes, los padres jesuitas José Ignacio y José Luis, quienes celebraron la Santa Eucaristía con profundo recogimiento y cariño. Las casullas que portaban, elegantemente adornadas con la imagen de nuestra Santa Madre y el escudo de nuestro instituto, dieron aún mayor solemnidad a esta celebración tan entrañable.  Las lecturas fueron proclamadas por trabajadores del hospital, mientras que las preces fueron leídas por una de nuestras hermanas; en ellas elevamos nuestras oraciones por la Iglesia, por el mundo, por nuestra congregación y por cada una de las personas que forman parte de esta gran familia hospitalaria en Valladolid.  Todos juntos dimos gracias a Dios por el precioso carisma que hemos recibido a través de Santa María Josefa. Y, como no podía faltar en un día tan señalado, al finalizar la Eucaristía compartimos la tradicional fotografía de recuerdo junto a hermanas, sacerdotes y participantes.

Fue, sin duda, una celebración sencilla pero profundamente hermosa y entrañable, en la que volvimos a agradecer al Señor el regalo de habernos dado una Madre tan grande de corazón y tan santa. Le pedimos también que, al igual que transformó el corazón de Santa María Josefa, transforme el nuestro para seguir amando, sirviendo y cuidando con Amor y Sacrificio a quienes más lo necesitan, porque su legado sigue vivo allí donde un corazón se entrega con amor.