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En una realidad explosiva, impuesta y acelerada, existe una Iglesia que cuida, recibe y acompaña.  Incluso en una realidad asumida como intransigente, existe una Iglesia que cree, con esperanza, que puede transformar la vida de quienes sufren la pobreza y la marginación.

En esa misma mirada, en su primera encíclica, el Papa León XIV, Dilexi te (“Te he amado”), vuelve a poner al pobre en el centro del mensaje evangélico.
Porque “los pobres no están ahí por casualidad ni por un destino ciego y amargo”, sino que muchas veces son el resultado de estructuras del pecado que generan desigualdades extremas.

Desde esa certeza surge la Familia Grande del Hogar de Cristo, en las villas del Gran Buenos Aires. Buscamos dar respuesta a situaciones de vulnerabilidad social y a consumos problemáticos de sustancias psicoactivas, poniendo siempre en primer lugar a la persona y sus cualidades. Como Iglesia (fieles a lo que nos pide el Papa Francisco) recibimos la vida como viene, en su totalidad y complejidad.

Motivados por hacer lugar y abrazar la vida de los últimos de nuestra sociedad, en 2017 nace la propuesta del Centro Barrial Calle Belén, que comenzó en la plaza del centro de la ciudad de Bahía Blanca como punto de encuentro para acompañar a personas en situación de calle.

Escuchar esa realidad nos invitó a dar pasos firmes en este caminar. Así fuimos en búsqueda de otro lugar: de una casa, de una familia, de un espacio donde encontrarnos como hermanos. En el año 2022, post pandemia e inicio de una profunda crisis económica y social en Argentina, surgieron las primeras pistas que nos acercaron a las Siervas de Jesús, quienes nos alojaron en su casa. Ellas reconocieron en nosotros una vocación hermanada con la suya, en la atención a los más frágiles. Nos dieron lugar y una “casa” que pudiera ser puesta al servicio de los más pobres, para que, con gran alegría, pudiéramos crecer en la misión que nos había sido propuesta: acompañar cuerpo a cuerpo, construyendo comunidad.

Hoy en esa casa conviven los chicos de la Casa Convivencial, que están realizando un proceso de recuperación, y todas las tardes funciona el Centro Barrial Calle Belén.

En el Hogar de Cristo tenemos la certeza de que los centros barriales hacen que suceda la vida. Y cuando hablamos de “hacer que suceda la vida” nos referimos a dar sentido a aquello que, ante los ojos del mundo, parece perdido. Porque allí donde todo parece roto, los centros barriales son una respuesta comunitaria para acompañar la vida, generando propuestas para la realidad que se nos presenta: desde acompañar a una persona mayor a ser escolarizada, acompañar un proceso de recuperación del consumo, hasta crear propuestas barriales que sostengan la vida de muchos niños, niñas y adolescentes.

Los centros barriales de la Familia Grande del Hogar de Cristo Bahía Blanca

En la actualidad, la Familia Grande del Hogar de Cristo de Bahía Blanca cuenta con cinco dispositivos distribuidos en diferentes puntos de la ciudad. Cada uno acompaña poblaciones distintas, pero todos comparten el mismo objetivo: generar comunidad y acompañar la vida cuerpo a cuerpo.

  • Centro Barrial Casa Maranathá: Ubicado en uno de los barrios más populares (Bajo Rondeau). Acompañamos a infancias, adolescencias y mujeres.Trabajamos con propuestas educativas y preventivas para las infancias, y con un acompañamiento cercano a mujeres y jóvenes en situaciones de consumo problemático, vulnerabilidad, desempleo y terminalidad educativa.
  • Centro Barrial Calle Belén: En el centro de la ciudad acompañamos a personas mayores de 18 años, en su mayoría en situación de calle, vivienda transitoria o con trabajos informales (venta ambulante, limpia vidrios, entre otros). Se brindan talleres, actividades, espacios de escucha y de expresión.
  • Centro Barrial Nudo a Nudo: Brindamos apoyo integral a niños y jóvenes del Barrio Laura, en Punta Alta. Ofrecemos espacios recreativos y ayuda alimentaria, con el objetivo de brindar un refugio seguro y atender sus necesidades afectivas.
  • Centro Barrial Madre de la Misericordia: Ubicado en el barrio Tierras Argentinas. Inaugurado en octubre de 2025, es un espacio de puertas abiertas donde se acompaña a chicos, chicas y mujeres del barrio. Trabajamos codo a codo frente a situaciones de consumo, vulnerabilidad, falta de trabajo o dificultades para terminar los estudios.

A partir de una mirada integral sobre las familias que acompañamos, buscamos conocer su casa, su entorno, la red de contención con la que cuentan en el barrio. Paralelamente, el mismo barrio se va tornando cada vez más protagonista de la inclusión social de los chicos y las chicas

En este caminar comunitario, comenzamos a responder a situaciones que exigían un acompañamiento permanente. Después de la inundación del 7 de marzo de 2025, se abrió la Casa Convivencial, que tiene como objetivo albergar y acompañar a personas que desean iniciar un proceso de recuperación del consumo problemático. Buscamos brindar una estructura de vida comunitaria que permita reorganizar hábitos y reconstruir proyectos de vida, sabiendo que muchos llegan en situaciones de extrema vulnerabilidad social.

Inspirados en un amor que se hace esperanza y abrazados al Evangelio de Jesús, el Hogar de Cristo sigue creyendo en impulsar a la comunidad para construir espacios donde nadie quede afuera. ¡Queremos ser una Iglesia pobre para los pobres!

Abrazar la Vida como viene, también es Abrazar el dolor con la mirada puesta en la resurrección.

El tiempo de Inundación, estuvo marcado por mucha angustia para las familias de Bahía Blanca, pérdidas materiales que recordaban la fragilidad de lo inminente, pero mucho más profundo aún, el dolor de la impotencia de personas solas que no tenían donde resguardarse; jóvenes, familias con hijos pequeños y adultos mayores que rescatados por Defensa Civil de sus casas inundadas, con frío y llenas de barro, llegaban a veces muy enfermos. Sabemos que Dios escribe, nos llama y nos habla a través de la realidad que nos presenta, y en ella nos contaba que era tiempo de ser “hospital de campaña” más que nunca, así fue que nos ofrecimos como refugio y recibimos a más de 200 personas en Calle Belén, así se convirtió en “hogar” que abrazaba e invitaba a la esperanza y la vida de familia. Ese edificio que en sus paredes había cobijado tantas vocaciones de Siervas de Jesús, hoy seguía siendo lugar de vida y cobijo para los más frágiles y postergados.

Entonces, el tiempo de angustia se transformó, en aquel hogar, en un tiempo de actualización de la esperanza y el Evangelio, donde se podía vivir un clima de alegría y calidez, dónde religiosos, voluntarios, enfermeros, profesores, pibes que asistían al centro barrial, y personas que llegaron a alojarse, se organizaron y coordinaron esfuerzo para cuidarse mutuamente y ponerse al servicio de quien estuviera más frágil.

Así, en un abrir y cerrar de ojos, estaba la capilla convertida en enfermería de los adultos mayores, las habitaciones de arriba se habían convertido en dormitorios para familias con hijos, algunos salones de abajo en habitaciones comunitarias, el comedor en el lugar de encuentro y la cocina en el espacio de servicio por excelencia de quienes antes venían a pedir ayuda por su consumo problemático.

Dándose aquello tan Evangélico de ser unos servicios de otros y otros servicios de unos para cuidar la vida.

Esta situación se extendió por alrededor de un mes, siendo el primer refugio en recibir personas y el último en cerrar, mientras equipos formados con voluntarios iban a reconstruir lo necesario para que las familias pudieran volver a sus casas.

En ese tiempo hubo en el hogar celebraciones, misas, oración y tanta vida cotidiana compartida desde lo sencillo del abrazo que invitaba a quienes se iban a hacerlo con alegría en medio de tanta tragedia. Sin lugar a dudas, Dios sembrando en el desierto.

Y cuando todo parecía pasar, vino ese nuevo llamado y la invitación de Dios a que finalmente inauguremos con algunos de los pibes (que vivieron en servicio en esos días, y que entendimos que volverían a quedar en situación de calle y a merced de los consumos) el convivencial para que hagan trayecto de tratamiento allí mismo.

Es así, que hoy, la casa que alojó tantas vocaciones religiosas, hoy también aloja a quienes se sentían muertos pero abrazados a la esperanza de la resurrección se animan a construir un proyecto de vida plena.

Fotos: https://photos.app.goo.gl/aPN3M4sagGpBDBueA