Hna. Neida Sánchez, SdeJ
Comunidad de Camerún

“Mucho les queda que aprender todavía, tanto en lo espiritual como en lo material.”
Santa María Josefa

Nuestra Santa Madre Fundadora, en su profunda sencillez, comprendió muy bien que aprender es una tarea inacabable. Por eso nos anima a no detenernos en el camino hasta llegar a nuestro fin.

Doy gracias a Dios por haber tenido la gracia de participar en los cursillos celebrados en la comunidad de Madrid los días 7, 8 y 9 de mayo, bajo el tema: Consagración, Tecnología y Vida Comunitaria, dirigidos por el Rvdo. P. Basilio Álvarez Llana, C.M.F. Ha sido una experiencia enriquecedora en la que he podido compartir vida, misión y experiencias desde la propia realidad con otras Madres y Hermanas de todas las edades.

En primer lugar, caí en la cuenta de que debo tomar conciencia, como mujer consagrada, de la riqueza y el legado que he recibido. Desde ahí, estoy llamada a ir poniendo cada día mi ladrillo para construir comunidad y optar por lo auténtico, no por lo “semi”, con la mirada puesta en la meta final: ser imagen de Cristo.

Asimismo, tuvimos un espacio para hablar sobre la tecnología, que es un medio muy útil y valioso si sabemos utilizarlo bien. De lo contrario, podemos caer en una dependencia que llegue incluso a esclavizarnos. Hoy en día, la tecnología es necesaria en muchos ámbitos de nuestra misión, pero también debemos tener en cuenta que no es el futuro: ya está presente en nuestras vidas y en nuestras comunidades.

Ante la realidad que vivimos, tuve la ocasión de reflexionar sobre estas preguntas:

¿Soy consciente del uso responsable de la tecnología?
¿Por qué y para qué uso el móvil?
¿A causa del móvil estoy generando espacios privados dentro de mi comunidad?
¿Lleno mis vacíos con el móvil?

Son preguntas que me ayudan a revisar mi vida espiritual y mi vida comunitaria. Esta revisión me lleva a tomar una firme determinación para avanzar por la senda de la fidelidad a mi identidad de mujer consagrada a Cristo.

Es necesario, por tanto, reconocer los peligros y no dejarnos arrastrar por ellos. Aunque todo es gracia, se necesita también una buena dosis de fuerza de voluntad, prudencia, discernimiento constante, vigilancia sobre una misma y, por encima de todo, una inquebrantable unión y confianza en Dios.

En el último apartado meditamos sobre las virtudes domésticas, es decir, esas virtudes “para andar por casa”, propias del diario vivir, pero que tantas veces practicamos poco:

  • La humildad: ¿soy humilde no solo en la teoría, sino también en la práctica?
  • El respeto a los demás.
  • La paciencia: para tener paciencia con mis hermanas, debo saber esperar y tener esperanza.
  • La amabilidad: un trato bondadoso y afable hacia mis hermanas.
  • La servicialidad: ser cirineo de las cansadas y agotadas de mi comunidad.
  • La prudencia: ¿qué digo, cuándo lo digo, cómo lo digo, dónde lo digo y de qué manera lo digo?
  • La corrección fraterna: ¿estoy dispuesta a recibirla?
  • El buen humor: la sonrisa y la risa son símbolo y señal del amor de Dios.
  • El buen amor: donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor.

Fue un encuentro muy participativo, en el que pudimos compartir opiniones mediante grupos, puestas en común, experiencias personales, casos reales y otros momentos de diálogo fraterno.

Al terminar este encuentro, vivimos un momento muy emotivo en la capilla de la comunidad. Cada una de las participantes se acercó al altar para recibir la luz del Cirio Pascual y, durante la exposición del Santísimo, renovamos nuestros votos y recitamos la oración de envío. Fue una oración que nos impulsaba a dar a conocer y a poner en práctica todo lo vivido y aprendido en estos días de gracia.

Personalmente, subrayaría la importancia del uso responsable de la tecnología: puede ayudarnos mucho, pero nunca debe sustituir la verdadera comunicación con Dios ni la comunicación entre nosotras.

Gracias por estos momentos de fraternidad, renovación, oración y reflexión compartida. Sin duda, nos queda mucho por aprender. Hace falta que estemos abiertas para aprender de la Palabra, de la experiencia, de los encuentros y de todos los medios que nos ofrecen nuestra Congregación y nuestra Madre la Iglesia.

Que esta experiencia nos ayude a priorizar lo esencial y a descartar todo aquello que nos desvía de la comunidad y de Cristo, que es Camino, Verdad y Vida.

Por último, expresamos nuestra más profunda gratitud al P. Basilio por su valiosa, clara, sabia y práctica exposición, y por su plena disponibilidad para con nosotras en todo momento. Agradecemos también a Madre Adriana Mendoza, quien nos acompañó con total solicitud, y a la comunidad de Madrid, que se desvivió para que estuviéramos bien.

Que Dios nos bendiga a todos.