Sor Nidya E. Arboleda Ríos SdJ

La Hna. Nidya Arboleda, de la comunidad de Douala – Camerún, nos comparte cómo ha vivido el pasado día 16 de septiembre la celebración de sus Bodas de Plata:

“Es el Señor”, con esta cita evangélica he querido resumir mis 25 años de camino en la vida religiosa como Sierva de Jesús de la Caridad al lado del Señor.

“Es el Señor”, es la conclusión de mi vida que descubrió su esencia en un encuentro vivo con Cristo. A lo largo de todos estos años, Él se hizo presente en mi realidad y fue éste, un proceso de conocimiento, purificación e integración de la más bella realidad, que hoy resumo en esta frase: “Es el Señor”. Para esto, ha sido necesario un camino de discernimiento y purificación.

Este encuentro personal con Cristo está en la base de mi perseverancia a lo largo de estos años, es un encuentro que madura el amor declarado años atrás y me permite, después de 25 años, al igual que los discípulos al borde del lago Tiberíades después de la Resurrección, reconocerlo vivo en mi cotidiano y escuchar su voz que me apremia a una nueva misión: ser testimonio de ese amor purificado en el tiempo, con todo aquello que implica: alegrías, tristezas, frustraciones, esperanzas, caídas… pero siempre volviendo al punto de partida: El “Sí”, que cobra nueva fuerza y pureza, para que Él resplandezca con mayor nitidez. Nada está de más, todo sirve a quién ama. Corazón clarificado y limpio que reconoce la voz de quién ama, de Aquel que me cautivó y me amó primero.

Un corazón que reconoce la voz del Señor, que ha interiorizado su presencia y que repite un “te amo” desde la fragilidad de su ser con mayor lucidez y fuerza que la primera vez, y esta vez, abierta a asumir un nuevo reto: vivir en clave de discernimiento de su presencia en mi día a día. Es el Señor quien se hace presente en los hermanos, en el apostolado. Ojos de fe que me permiten dar un salto cualitativo ante una realidad siempre presente. Está conmigo hoy y siempre.

La celebración de mis Bodas de Plata ha sido un encuentro en Cristo con los que nos une una amistad mantenida en estos 14 años: Sacerdotes amigos, familias de las Hermanas, que son mi familia, amigos antiguos, recientes, familias de los niños de la guardería, todos como uno solo: cristianos, no cristianos, musulmanes, protestantes… nos une, un testimonio: la Verdad y la fraternidad.

Una celebración que ha querido ser punto de encuentro y catequesis. Un confirmar que es posible caminar en este mundo y encontrarse juntos, en esta búsqueda de valores fundamentales más allá de nuestras discrepancias. En mi caso, poder dar testimonio de mi fe, de mi consagración, de mi amor: por Quién hago lo que hago, por Quién mi corazón late y se alegra, reflejando una alegría siempre nueva. Una evangelización que habla con la presencia, con el amor, con la acogida de quien es diferente. No hay razas, tribus, estatus social… sólo hermanos que se reúnen para dar gracias a un solo Dios.

Música preparada con mucha delicadeza, belleza de la capilla con buen gusto y sencillez, sin que falte la animación de los bebés que, con su inocencia y sus voces, dieron el toque especial a esta celebración.

Después, una recepción sencilla en la que la torta fue el punto central por todos esperados y el tradicional cumpleaños feliz deseando sean 75 años más en la tierra y hasta el cielo.

Fue un encuentro sencillo y entrañable, que he querido que sea testimonio de paz y alegría, así como un medio de evangelización poniendo de relieve lo único necesario: el amor al Señor como respuesta a su amor y fidelidad que nos lleva a exclamar “Es el Señor”, principio y fin de nuestra vida y vocación.

Qué en todo, el Señor sea alabado y que nuestra vida sea cada vez un mejor reflejo de un amor purificado en el tiempo, y que un día nuestra fidelidad vea su deseo cumplido cuando al llegar la muerte, el amor rompa el velo que nos separaba en esta tierra.