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— Hermanas participantes, en el Jubileo de la Vida consagrada

Del 8 al 12 de octubre, algunas Siervas de Jesús tuvimos la gracia de participar en el Jubileo de la Vida Consagrada, bajo el lema: “Peregrinos de la esperanza por el camino de la paz”. Fue una experiencia de comunión universal junto a más de 4.000 consagrados y consagradas de todo el mundo.

Una celebración de unidad, carismas y misión

Nos reunimos en distintos espacios emblemáticos de Roma: la Plaza y la Basílica de San Pedro, la Basílica de San Pablo Extramuros, el Aula Pablo VI y otras plazas de la ciudad eterna. En todas ellas vivimos intensamente encuentros de oración, peregrinación, conferencias, dinámicas, testimonios, cantos, danzas y profundas reflexiones.

Participamos miembros de diferentes formas de vida consagrada: institutos religiosos, comunidades contemplativas, institutos seculares, sociedades de vida apostólica, el Ordo virginum y nuevas formas emergentes de consagración. El corazón de todo el encuentro giró en torno a dos palabras esenciales: esperanza y paz.

Llamadas a ser testigos de esperanza

Hemos sido invitadas a renovar la conciencia de que ser portadoras de esperanza es un don y una misión. ¿Cómo lograrlo? Viviendo nuestra consagración con fidelidad y alegría, dejándonos transformar por el Espíritu Santo, que nos lanza al encuentro con Dios y con los hermanos en un amor concreto y cercano.

Nuestra consagración nos llama a vivir con los pies en la tierra y el corazón en Dios. Somos signos de esperanza cuando mostramos cercanía en lo cotidiano, ternura en el servicio, compasión en el dolor ajeno. Seguimos a Cristo, y en Él encontramos nuestra identidad, la razón de nuestra entrega, la fuente de nuestra paz.

La pasión de las paciencias

Una de las reflexiones compartidas fue el hermoso texto de Madeleine Delbrêl, La pasión de las paciencias, que nos recuerda que la entrega no solo se da en los grandes sacrificios, sino en las pequeñas paciencias diarias: el autobús que no llega, las tareas imprevistas, los silencios que nos cuestan, las contrariedades ocultas… Fragmentos de pasión que, vividos con fe, se convierten en santidad.

“Y es que hemos olvidado que, si bien hay ramas que el fuego consume, también hay maderas que se desgastan lentamente bajo los pasos… Es la pasión de las paciencias.”

Este texto fue para nosotras un espejo y una llamada a reconocer el valor espiritual de lo pequeño, de lo diario, de lo aparentemente insignificante.

Formación, diálogo y misión

Durante el encuentro también profundizamos en la escucha en el Espíritu y la práctica del discernimiento comunitario, aprendiendo a abrirnos al otro para descubrir juntos la voluntad de Dios. Participamos en talleres sobre mediación y gestión de conflictos, donde valoramos la paciencia como herramienta de paz.

El Jubileo concluyó con la Santa Misa presidida por el Santo Padre León XIV, una celebración llena de fuerza eclesial y alegría fraterna. Fue un momento de renovación y envío: volver a nuestras comunidades fortalecidas y encendidas en la esperanza.

Gratitud y bendición

Agradecemos de corazón a nuestra Madre General, Martina Espinal, por hacernos partícipes de esta gracia; a la comunidad de Roma por su acogida fraterna; a nuestras Superioras provinciales, consejos y hermanas de comunidad que hicieron posible nuestra presencia en este evento eclesial.

Dios recompense todo el cariño, el apoyo y la oración compartida.

Oración final

Padre bueno, consérvanos en tu misericordia.
Que, conscientes del don de nuestra consagración y firmes en el seguimiento de tu Hijo, permanezcamos fieles en la paciencia y la esperanza.
Haznos testigos de tu Reino, herederas de tu paz y sembradoras de consuelo.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.