Skip to main content

— Junior Villalta y familia

Mi nombre es Orlando Divari Junior Villalta Germán. Llegué a Madrid el 8 de agosto de 2023, junto con mi esposa y mis tres hijos, con el corazón lleno de esperanza, la mirada puesta en el futuro y mucha fe. No conocíamos a nadie, ni teníamos claro por dónde comenzar. Solo sabíamos que veníamos buscando un nuevo comienzo, una vida mejor para nuestra familia.

Los primeros meses fueron muy duros: no teníamos trabajo ni casa fija, y a veces faltaba incluso lo más esencial, como la comida. En medio de esa situación tan difícil, comencé a buscar ayuda en distintas entidades sociales.

Recuerdo claramente aquel día que caminábamos por Vallecas con mi familia. Fue entonces cuando vi por primera vez a una hermana. Era la madre Miriam, y su sonrisa me transmitió paz. Con amabilidad, me explicó los pasos para acceder al reparto de alimentos del comedor social de las Siervas de Jesús. Me inscribí de inmediato y comenzamos a recibir alimentos una vez por semana. Aquello fue un primer rayo de esperanza.

Un voluntariado que nos cambió por dentro

Poco después empecé como voluntario. Esa decisión marcó un antes y un después. Comenzar a servir a otros me hizo ver la vida con otros ojos. Empecé a sentir que faltaba algo más en nuestro hogar: necesitábamos poner a Dios en el centro.

Mi esposa y yo ya habíamos hablado muchas veces sobre casarnos, pero no dábamos el paso. Y fue precisamente en el comedor social Santa María Josefa, rodeados del cariño de las hermanas y los voluntarios, donde entendimos que ese era el momento. Era hora de consagrar nuestro amor ante Dios.

Preparando nuestro gran día

Los preparativos fueron emocionantes. Las hermanas nos ayudaron en cada detalle: las charlas matrimoniales, los recuerdos, las invitaciones… Incluso tuvimos una madrina de boda que donó el vestido de la novia. Todo era sencillo, pero hecho con un amor que lo convertía en algo extraordinario.

Los días pasaban y el corazón se nos llenaba de alegría. La emoción crecía, especialmente en nuestros hijos, que vivían con ilusión cada momento.

El día más feliz

El gran día llegó. Mi esposa se vistió en el comedor social. Yo me preparé junto con mis hijos. La furgoneta del comedor nos llevó hasta la Parroquia Santa María Josefa, en la Gavia (Ensanche de Vallecas). Al llegar y ver lo hermosa que estaba la iglesia, no pudimos evitar emocionarnos. Todo estaba preparado con tanto cariño…

Cuando la vi entrar al altar, vestida de blanco, sentí que el corazón me estallaba de alegría. Tenía un nudo en la garganta. Era real: Dios estaba bendiciendo nuestra unión.

Un compartir lleno de gratitud

Después de la ceremonia, volvimos al comedor, convertido en un salón de fiesta. Había música, comida, abrazos, risas. Todo sencillo, pero lleno de amor. Era nuestra boda soñada. En medio de nosotros estaba Dios, y eso lo hacía todo perfecto.

Hoy, al mirar atrás, sé que este paso ha sido la mejor decisión de nuestras vidas. Nuestros hijos nos vieron darlo. Ahora pueden crecer con ese ejemplo de amor, entrega y fe. Y nosotros, como pareja, sabemos que caminar con Dios es lo que nos sostiene.

Gracias de corazón

Quiero dar las gracias de todo corazón a la Congregación Siervas de Jesús de la Caridad, al comedor social Santa María Josefa, y en especial a madre Miriam, sor Magdalena, sor Edman y sor Rosa. Gracias también a todos los voluntarios y amigos que nos ayudaron.

¡Gracias por hacer posible una boda llena de amor, alegría y bendición!

¡Que vivan los novios!