Siervas de Jesús de la Caridad
Osorno, Chile
Nuestra Congregación de Siervas de Jesús, estamos presente en Osorno, Chile, hace casi 25 años. Nos dedicamos ahora a la “Olla Solidaria” que hace vida las Palabras de Jesús; “Tuve hambre y me disteis de comer.” (Mt. 25, 35). Este año, el Señor no ha concedido un gran regalo justo el día en que Jesús ha llevado su Amor al extremo, en concreto en nuestra misión “Olla Solidaria” (comedor social), donde día tras día damos de comer a los pobres de nuestro entorno que acuden.
El 2 de abril, se celebró la Misa de Jueves Santo en la Olla Solidaria Santa María Josefa, ubicada en el sector de Quinto Centenario en la ciudad de Osorno. La Eucaristía fue presidida por nuestro Obispo, Monseñor Carlos Godoy, quien, en un gesto profundamente significativo, realizó el tradicional lavado de los pies a personas que asisten a esta olla solidaria, siguiendo el ejemplo de humildad y servicio que Jesús tuvo con sus discípulos.
La Olla Solidaria Santa María Josefa es sostenida con dedicación por las Religiosas de la Congregación Siervas de Jesús, junto a un grupo de voluntarios que entregan su ayuda y acompañamiento a quienes más lo necesitan.
La celebración se vivió en un ambiente de recogimiento, fraternidad y servicio, resaltando el verdadero sentido del amor al prójimo en este tiempo de Semana Santa.
El pasado Jueves Santo se celebró conjuntamente la Cena del Señor y el «servicio» en la Olla Solidaria Sta Maria Josefa. El lugar más propicio donde se vivía un Cenáculo muy especial. Con un coloquio muy íntimo y simpático, pero con un sentido profundo, entre quien presidió, Monseñor Carlos Godoy y los usuarios del comedor.
Preguntaba Monseñor Carlos:
¿Qué sintieron cuando se le lavó los pies? Vergüenza…respondieron.
Algo parecido pasaría en tiempo de Jesus, tendrían vergüenza, al mismo tiempo sentirían acogidos, queridos, valorados y amados. Todo esto hizo Jesús, para manifestar su cercanía, su ternura, su comprensión de nuestras limitaciones y por encima de todo manifestar su amor extremado, como nadie nos ama.
Bueno esto es lo que todos ustedes pueden hacer con otro que lo necesite, como las hermanitas lo hacen con ustedes …siguió el Sr. Obispo.
¿Qué era lavar los pies en el tiempo de Jesús?
En el mundo judío, por el polvo de los caminos y las sandalias abiertas, los pies llegaban sucios a casa. Por eso, al recibir a un invitado, se le ofrecía agua… pero quien lavaba los pies era el siervo más humilde, nunca el maestro. En el contexto romano era aún más claro: era un acto de humillación social. Algo que marcaba jerarquía.
…Y entonces… Jesús se levanta de la mesa.
El Maestro, El Señor… El Hijo de Dios…se arrodilla… y comienza a lavar los pies de sus discípulos.
Pedro no lo soporta: “Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?”
Porque lo que estaba ocurriendo rompía toda lógica humana.
Pero Jesús no estaba dando una lección de etiqueta.
Estaba revelando el corazón de Dios.
Teológicamente, ese gesto anticipa la Cruz:
un Dios que no domina… sino que se entrega.
Un Dios que no se impone… sino que sirve.
Un Dios que se abaja para levantar al hombre.
Y luego dice algo que aún hoy incomoda:
“Les he dado ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo.”
No se trata solo de repetir el gesto…sino de vivir la actitud.
Servir cuando no es cómodo.
Amar cuando no es reconocido.
Humillarse cuando el orgullo quiere dominar.
Porque el cristianismo no se trata de poder…sino de entrega.
Hoy la pregunta es clara:
¿Estoy dispuesto a amar así… o solo cuando me conviene?
Señor Jesús,
rompe mi orgullo,
enséñame a servir con amor verdadero, y hazme comprender que en la humildad está la verdadera felicidad.



