Iniciamos esta misión con gran alegría y entusiasmo entre Adriana Ventura, aspirante en la casa de formación Santa María Josefa, Arriany Guzmán, aspirante de Dajabón, que se encuentra terminando su bachillerato y visita la comunidad en el Hogar de ancianos “Ser ternura de Dios” todos los días, haciendo vida comunitaria con las hermanas, y Sor Julissa, Sierva de Jesús de la Caridad.
¿Y cómo llegamos hasta allí? Sin duda, el Señor que todo lo hace perfecto es el que está en el fondo de todo. Hace 14 años, sucedió que el Padre Mártires se encontraba estudiando derecho canónico en Fuencarral, Madrid donde yo vivía también. Un buen día, mientras él prestaba sus servicios sacerdotales en la Parroquia San Miguel Arcángel, me regaló un libro que se titulaba “ Qué es la vocación?” Dicho libro despertó en mi algo diferente. Según me cuenta ahora, ya vislumbraba mi inquietud vocacional, cuando aún no imaginaba ni siquiera la vida religiosa. Sin embargo, él fue uno de las mediaciones que el Señor puso en mi camino para descubrir mi vocación.
Pasaron los años. Mas tarde contactamos en República Dominicana y por fin el 12 de abril, después de 14 años, nos volvimos a encontrar. De esta manera se valió Dios para que las Siervas de Jesús llegáramos a las tierras de San Juan de la Maguana, lugar que parece árido por la sequedad de sus tierras, pero al mismo tiempo un lugar fértil donde hay un gran resurgir de vocaciones sacerdotales y religiosas, y se las cultiva; es un lugar de misión porque hay mucho desconocimiento de la fe, del amor a Jesús y una gran mezcla entre la santería y la religiosidad popular.
Adriana nos relata que para ella fue encontrar a Dios en tantas personas necesitadas de su gracia, un encuentro con el Señor y una gran alegría de sentir que Jesús nos utiliza para llegar hasta ellos. En resumidas cuentas, “recibí más de lo que di”, dice ella.
Para Arrianny, fue una experiencia enriquecedora en todos los aspectos de su vida. Según dice, ella ha sentido como Jesús se vale de ella para llegar a sus hijos, llenándolos de esperanza, de amor, de consuelo y al mismo tiempo también a nosotras.
Pues efectivamente, uno da, pero recibe siempre más de lo que da. Y así pudimos ver que Dios no se deja ganar en generosidad y es que pasamos muchísimas vicisitudes para poder llevar el Evangelio, acompañar a tantas personas necesitadas de escucha, de acogida, de transmitirles que Dios los ama, que los espera, que no caminan solos, que cuentan con Él.
Es hermoso poder llevar el amor de Jesús a un mundo herido, que tiene hambre y sed de Él; pudimos visitar casa por casa de la comunidad Jaquimeves, celebrar los oficios de Semana Santa en las comunidades de Jinova, Corbanal y La Peña.
Y, sobre todo, en Jaquimeves que es la comunidad más necesitada de asistencia espiritual. Monseñor Tomas Alejo Concepción, Obispo de la Diócesis de San Juan de la Maguana decía: vayan con ánimo y sin miedo a llevar a Cristo a sus hermanos, ayúdenlos a ir a las fuentes donde podrán saciar su hambre; vayan porque ustedes hermanas religiosas, son la caridad de la Iglesia. Esto nos llenó de gran ilusión y al mismo tiempo de impulso para no escatimar esfuerzos y sacrificios para llevar a Dios.
Gracias Señor por todo lo vivido, por ayudarnos a poder llevar tu amor, tu ternura, tu misericordia y el conocimiento a esas tierras haciendo vida el gran deseo de nuestra Santa Madre que es ir a todos los lugares del mundo para llevar el conocimiento, la misericordia y el amor de Dios, cueste lo que costare, con amor y sacrificio.
Después de 7 años que el Padre lleva prestando sus servicios en esas comunidades, nunca habían podido vivir los oficios de Semana Santa en sus comunidades. Es que, en San Juan, toda la tierra del Sur, a pesar de que hay muchos Sacerdotes, es muy grande, y hasta hace pocos años carecía de mucha autoestima, del conocimiento de la verdadera fe y ha sido un largo trabajo de muchos misioneros, de la preparación de muchos sacerdotes para poder transmitir la doctrina cristiana y católica a aquellos fieles que creían haber recibido la piedad como herencia familiar y no comunitaria. Por todo, alabado sea el Señor.



