Comunidad Casa San Ignacio – México
Provincia Santa María de Guadalupe
En nuestra Capilla de Casa San Ignacio se hizo sentir la fiesta de nuestra Santa Madre Fundadora de manera especial, con profundo contenido biográfico. Durante cinco domingos, antes de que el sacerdote celebrante diera la bendición de despedida, una hermana pasaba al frente para dar a conocer a nuestra Madre Fundadora. Se seleccionó lo más relevante, y a través de cápsulas informativas se compartió su intrépida vida, su acrisolada vocación y decidida convicción de servir a Jesús en el enfermo y necesitado.
Se dieron a conocer sus esperanzas, logros, dificultades y la fecundidad de las fundaciones hasta nuestros días, así como la exquisita virtud que tuvo la Madre para educar y guiar a sus hijas, transmitiéndoles el carisma que el Espíritu Santo le otorgó.
Fiesta parroquial y carisma en acción
El domingo 28 de septiembre se celebró la solemne Eucaristía y el festejo del 25º aniversario de su canonización con los feligreses de nuestra colonia. Con gran alegría, escuchamos la Palabra de Dios que caía como anillo al dedo: la parábola del rico Epulón y Lázaro. El Padre Ramón, celebrante de la Eucaristía, recordó que en arameo Lázaro significa “el que es ayudado por Dios”, e invitó a reflexionar: ¿cuántas veces hemos sido ayudados por otros? ¿Y cuántas veces hemos ayudado a quienes nos necesitan?
Recordamos que Santa María Josefa del Corazón de Jesús, fundadora de las Siervas de Jesús que acogen domingo a domingo en esta capilla, no solo respondió al dolor de los más pobres, sino que salió al encuentro de los más vulnerables, viendo en cada uno a Jesús. Que su ejemplo nos inspire a ayudar y dejarnos ayudar, comenzando por nuestros seres más cercanos.
Antes de la bendición, se compartió la quinta y última cápsula sobre su santidad y los milagros aprobados por la Iglesia para su beatificación y canonización. Al salir de la Misa, se obsequió un pequeño detalle a cada feligrés. Muchos salieron comentando con cariño sobre la vida de nuestra Santa Madre y la labor de las Siervas de Jesús.
Fiesta en la Residencia Las Margaritas
El día 30 visitamos la residencia “Las Margaritas”, donde los adornos, flores y saludos cariñosos nos acogieron con calidez. De nuevo nos reunimos con los ancianos y el personal para agradecer a Dios por la santidad de nuestra Fundadora. El sacerdote, en su homilía, destacó la belleza de la caridad: “El amor es paciente, es servicial… ama sin límites”. Características que Santa Josefa vivió e infundió en su legado carismático.
Solemne celebración en Casa San Ignacio
El 1º de octubre, nuestra Casa se revistió de fiesta. Desde temprano, el coro de la Catedral de la Arquidiócesis de México llegó para animar la Eucaristía, junto a hermanas de otras casas. A las 11:30 h, monseñor Juan María Huerta, obispo de Xochimilco, hizo entrada solemne acompañado por el padre Víctor Domínguez, misionero comboniano.
Durante su homilía, Monseñor dijo: “En esta Eucaristía celebramos el proyecto de Dios en Santa Josefa. La parábola del Evangelio nos recuerda que el presente marca el futuro cuando respondemos al sufrimiento de los otros. La santidad va unida al prójimo. La salvación de los institutos religiosos depende de vivir el carisma en medio de las crisis. El Espíritu Santo sigue actuando”.
En las ofrendas, se destacó la humildad y caridad con los enfermos, la fe, la esperanza y la caridad solícita de nuestra Santa Madre.
Al finalizar la Misa, pasamos al pasillo de la galería para un ágape fraterno. Vecinos, amigos, siervos laicos, cantores y hermanas de Las Margaritas y del Hospital Español nos acompañaron.
Un cierre lleno de gratitud
Como broche de oro, las hermanas jóvenes de la comunidad, con guitarra en mano y al ritmo de la canción de San Antonio, interpretaron una composición con más de 30 estrofas que narraba la vida, vocación, fundación y virtudes de Madre Corazón. Monseñor y los presentes aplaudieron emocionados.
Aunque externamente fue una gran fiesta, el regalo más profundo ha sido interior: días de preparación, novenas, oración ante el Santísimo y renovación vocacional. Sentimos que Dios nos llama a la santidad, a vivir como esposas de Cristo, como verdaderas Siervas de Jesús.
“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.” (Sal. 125,3)



