Conchita Sotomayor Uribe

 

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Querida familia de Siervos de Jesús de la Caridad:

Soy Conchita Sotomayor Uribe y quiero compartir con vosotros mi testimonio.

El lunes 18 de mayo de 2026, fiesta de Santa María Josefa, realicé mis promesas como Sierva Laica de Jesús de la Caridad en el convento de Madrid, en la calle Guzmán el Bueno.

Hasta ese día, mi participación en un proyecto con personas con discapacidad se limitaba a asistir a las reuniones y actividades, pero no me implicaba más allá. Sin embargo, hace un mes, el Espíritu Santo transformó mi interior y comencé a vivir con más intensidad los fundamentos marcados por Santa María Josefa del Corazón de Jesús.

Formo parte de un proyecto con personas con discapacidad. Un día propuse al grupo tener un detalle con una educadora social que iba a cambiar de centro de trabajo. Era una mujer maravillosa, muy querida por todos. Me sorprendió la acogida que tuvo mi propuesta.

Sin darme cuenta, empecé a visitar a algunas personas con discapacidad en sus domicilios, dando prioridad a quienes tienen más limitada su movilidad y utilizan silla de ruedas.

Cuando estoy con ellos en sus casas, percibo a cada uno en su mundo. Veo su realidad diaria, los retos que han de afrontar física y emocionalmente, y también la soledad en la que transcurre su vida en muchos casos. Algunos tienen dificultad para expresarse, bien por problemas en el habla desde el nacimiento, bien por enfermedades que han aparecido con el paso del tiempo.

Justo en esos momentos veo a Jesús doliente en cada uno de ellos. Los escucho, los acompaño, les ayudo a realizar trámites y gestiones de citas médicas. En esos encuentros afloran sentimientos y miedos; yo los consuelo y hablamos de Dios. Les doy fuerza, ánimo y todo mi apoyo.

Es una bendición ver cómo abrazan la cruz y agradecen a Dios Padre Todopoderoso el don de la vida.

También organizo meriendas con ellos. Cada uno tiene sus propias necesidades: algunos tienen discapacidad física; otros, discapacidad intelectual. Muchos conservan una mentalidad sencilla, como la de un niño pequeño, aunque sean adultos; otros tienen dificultades para orientarse en el espacio.

Por eso adapto nuestros encuentros a sus necesidades. Incluso hago sacrificios, como tomar medios de transporte en los que yo misma me siento vulnerable por mi propia discapacidad, para poder acompañar a quienes no pueden orientarse solos.

Tenemos un grupo de WhatsApp en el que nos saludamos todos los días. Además, mantengo también comunicación individual con cada uno de ellos.

Las reuniones que preparo son totalmente independientes del centro de servicios sociales. Algunas son en grupo y otras individuales. El vínculo que se ha creado entre nosotros es precioso, porque ahora somos amigos y hermanos en Cristo Jesús.

El Espíritu Santo ha llenado todo mi ser, y las bases marcadas por Santa María Josefa han arraigado profundamente en mí. Este grupo de personas con discapacidad es ya mi familia. Me llena de alegría recibir sus llamadas y ver con ilusión cómo comparten conmigo su vida e, incluso, cómo me presentan a los miembros de sus familias.

Les he regalado unas cruces para llevar colgadas, unas pulseras con frases de Santa María Josefa y un rosario. Las cruces, las pulseras y los rosarios fueron bendecidos por el párroco de Santa Rita.

Ellos mismos me pidieron que les pusiera las cruces y las pulseras, y ahora llevan también consigo los rosarios. Me emociona profundamente cuando nos volvemos a ver y compruebo que siguen llevando puestas sus cruces y sus pulseras.

La Divina Providencia ha movido sus hilos y ha cruzado nuestros caminos. La riqueza de los pobres —entendiendo por pobre a aquel que busca a Dios— es deslumbrante.

El agradecimiento, la fe y la esperanza son palpables en cada uno de ellos.

Ser Sierva Laica de Jesús de la Caridad ha cambiado mi vida. Día a día deseo seguir el lema de Santa María Josefa: Amor y Sacrificio.

Que Dios Padre Todopoderoso os colme de bendiciones y que la Virgen Santísima os cubra con su manto.