Rvdo. P. Ronald Manabat
Cabanatuan, Filipinas

Corría el año 1999 cuando conocí por primera vez a Santa María Josefa, siendo todavía beata. Me la dio a conocer Sor Ana María Arteche, a quien conocí durante su visita al Seminario María Asumpta, en la ciudad de Cabanatuan. En aquel entonces, yo era aún seminarista.

Al mismo tiempo que crecía mi vínculo espiritual con Sor Ana María, también iba creciendo mi profunda devoción a Santa María Josefa del Corazón de Jesús, su Madre Fundadora.

Uno de los acontecimientos más inolvidables en la vida de nuestra familia ocurrió cuando mi hermana menor enfermó gravemente. Llevaba ya varios días ingresada en el hospital de Cabanatuan, Filipinas, pero no mejoraba y necesitaba ser trasladada al Holy Infant Hospital de Manila, capital del país.

Precisamente, el mismo día en que fue llevada a Manila, llegó un paquete enviado por Sor Ana María Arteche. Dentro venía una novena a la Beata María Josefa, que comencé a rezar inmediatamente por mi hermana aquel mismo día.

Al día siguiente de terminar el noveno día de la novena, mi hermana recibió el alta hospitalaria y, finalmente, pudo regresar a casa.

A causa de esta gracia, hice el esfuerzo de traducir al filipino la breve biografía y la novena de Santa María Josefa, con la esperanza de darla a conocer a mis compatriotas filipinos, para que también ellos pudieran recibir las mismas bendiciones que nuestra familia había recibido por medio de su poderosa intercesión.

Dondequiera que iba, llevaba conmigo mi devoción a ella.

Más tarde, Madre Mercedes Miguel, Superiora General, me confió una gran imagen suya, que coloqué en la capilla de nuestro barrio para que la devoción a Santa María Josefa creciera aún más.

Las Siervas de Jesús desempeñaron un papel muy importante en mi vocación, gracias a sus oraciones, su apoyo moral y su ayuda económica durante mis años de seminario. Además de Sor Ana María Arteche, otras Hermanas también formaron parte de mi camino vocacional, entre ellas: Madre Lourdes de la Hoz, Madre Teresa del Moral, Madre Sagrario, la difunta Madre Maritza, de Colombia, Sor Carmen Señor, así como las Siervas de Jesús filipinas.

Cuando fui ordenado sacerdote, el 7 de mayo de 2007, las Siervas de Jesús estuvieron presentes, encabezadas por Madre Lourdes. También escogí como lema sacerdotal: “Amar es sacrificarse”, adoptando el lema de Santa Madre: “Amor y Sacrificio”.

Abracé la espiritualidad y el carisma de Santa Madre, especialmente su ministerio hacia los enfermos, los ancianos, los pobres y los más vulnerables. Después de la Sagrada Eucaristía, siempre procuro dar prioridad al cuidado de los enfermos y de los ancianos.

Siempre he sentido una relación muy especial con Santa Madre María Josefa. Verdaderamente, me enamoré de ella: de su vida, de su misión, de su espiritualidad y de su carisma.

Para mí, fue realmente un sueño hecho realidad poder visitar España y los lugares relacionados con su vida. También fue una gran y bendita oportunidad poder convertirme en asociado de las Siervas de Jesús de la Caridad, haciendo una promesa de abrazar de todo corazón la espiritualidad y el carisma de la Congregación que amo profundamente, en presencia de las Hermanas de la Casa Madre de Bilbao, el 20 de mayo de 2026.

Me siento inmensamente bendecido porque ahora puedo decir verdaderamente que pertenezco a la familia de Santa María Josefa: los Siervos y las Siervas de Jesús de la Caridad. Esto representa la realización de un sueño largamente anhelado.

¡Viva Santa Madre María Josefa!