Hna. Sandra Carolina Alfonso Frutos, SdeJ

Comunidad de Madrid

Haciendo mía esta frase “TODO COMENZÓ CON UN SÍ”, quiero compartir con ustedes mi vivencia en la Peregrinación a Fátima. Acompañar a Hna. Susana Mallo (encargada de la promoción vocacional en España) y al grupo de jóvenes de LADELE (Delegación de Córdoba), al Santuario de la Virgen de Fátima, fue para mí una experiencia profundamente significativa en mi camino como consagrada. Dicha visita a nuestra madre celestial, la Virgen de Fátima, no solo fue una peregrinación, sino un momento de gracia en el que pude experimentar de una manera muy especial el amor de Dios y de la Virgen en mi vida y en mi vocación.

Desde que llegamos al Santuario sentí una gran emoción. Ver a tantos peregrinos reunidos con un mismo deseo – buscar a Dios y confiar sus vidas a la Virgen– me llenó de esperanza. Mientras caminábamos por el Santuario, comprendí que María sigue llamando a cada persona a acercarnos más a Jesús, así como lo hizo con los pastorcitos. En mi corazón sentía una profunda gratitud.

Fue maravilloso compartir experiencias de fe, testimonios y sentimientos. Escuchar como Jesús actúa en la vida de cada uno, que obra de manera diferente, pero siempre y con todos, con amor y misericordia.

Uno de los momentos más hermosos fue la oración con los jóvenes. Rezamos juntos el Santo Rosario, participamos en la Eucaristía y tuvimos momentos de silencio ante el Santísimo. En estos momentos pude sentir con claridad la presencia de Jesús que se hace cercano a cada corazón que lo busca. Como Consagrada, renovar mi oración, mi vida en un lugar tan lleno de fe ayudó a recordar el sentimiento profundo de mi vocación que significa: pertenecer a Dios y ser un signo de su amor para los demás.

Quiero destacar uno de los momentos más inesperados y emocionante de la peregrinación: fue cuando me pidieron el favor de llevar el anda de la Virgen durante la procesión de las Velas. Sentí una mezcla de sorpresa y emoción, un agradecimiento envolvió mi ser y profunda humildad, ya que en mí corazón lo sentí no como mérito personal, sino como un regalo inmerecido que Dios y la Virgen me concedían. Caminar en la procesión de las velas sosteniendo el anda de la virgen fue un momento muy fuerte espiritualmente. Mientras avanzábamos lentamente entre las personas, sentí una profunda emoción y una gran paz interior. Era como si en ese instante todo se llenaba de silencio en mi corazón y solo quedaba la certeza del amor de Dios. Pensaba en cuantas personas estaban poniendo sus esperanzas, sus dolores y sus alegrías en las manos de la Virgen María. En ese momento sentí que llevar el anda de la virgen era signo muy profundo: así como sostenía aquella imagen junto a otras personas, también mi vida como consagrada está llamada a sostener, acompañar, acercar a muchas personas a Jesús a través de María. Fue una experiencia de profunda gratitud y de entrega, que guardo como un regalo muy especial en mi camino de Consagrada.

Visitar el Santuario no fue solo un acompañar al grupo, sino un encuentro profundo con Dios y con María. Fue una experiencia que quedará siempre en mi memoria y que fortaleció mi deseo de seguir a Jesús cada día buscando cumplir la voluntad de Dios como Sierva de Jesus.

Peregrinación junto a los de Jóvenes de LADELE de la Ciudad de Córdoba

20 al 22 de Febrero del 2026