Hna. Verónica Ndunge Patrick
Noviciado, Madrid
Testimonio de Hna. Verónica Ndunge Patrick en su toma de hábito
25 de julio de 2025
En España celebramos hoy la solemnidad del Apóstol Santiago, patrono nacional. Para nosotras, Siervas de Jesús de la Caridad, esta fecha tiene aún más hondura: conmemoramos 154 años de fundación del Instituto, nacido del Corazón de Cristo por medio de Santa María Josefa.
Este día será para mí inolvidable. A las ocho y media de la mañana, vestí por primera vez el hábito de las Siervas de Jesús. Mi toma de hábito. Mi respuesta. Mi sí.
Desde el día en que decidí entregarme a Dios, he experimentado su misericordia en cada paso, incluso cuando el camino parecía difícil. En medio de las dudas, siempre hay una voz en mi interior que me dice:
“Ánimo, yo estoy contigo”.
Dios abre caminos donde parecía imposible caminar. Por eso hoy solo puedo decir:
Gracias, Señor. Gracias por mirarme, llamarme y sostenerme.
Acompañada en la alegría
Toda la comunidad me acompañó con cariño. Sentí su cercanía y su calor fraterno. Esa es la alegría de vivir unidas en el Señor.
Durante la Eucaristía, el Evangelio proclamaba la llamada de Santiago y Juan. En la homilía, el sacerdote nos dijo:
“El Señor te pregunta, Verónica: ‘¿Qué deseas?’ Y espera tu respuesta, sin cansarse. La paciencia de Dios es como la de una madre que siempre espera… nunca es tarde para responderle.”
¡Qué verdad tan grande! Nuestro Dios no se cansa de esperar, no se impacienta ante nuestras debilidades. Su amor nos sostiene, incluso cuando no lo sentimos.
Llamadas a cosas grandes
Al mirar este día, resuenan en mí también las palabras del Santo Padre, el Papa Francisco, dirigidas a los jóvenes en el Jubileo:
“Queridos jóvenes, no tengan miedo. Dios les llama a cosas grandes. ¡Él les llama a alcanzar las alturas!”
Sí. Dios sigue llamando. Llama hoy como ayer, y lo hace con ternura, con fuerza, con amor fiel. No me ha llamado por mis méritos, sino porque me ama.
En palabras de nuestra Santa Madre
Al cerrar este día tan especial, hago mías las palabras de nuestra fundadora, Santa María Josefa:
“Nunca pidan ni consuelos ni alegrías; pónganse indiferentes en manos de Dios, dispuestas a todo; Él sabe lo que nos conviene.”
Así quiero vivir esta nueva etapa: confiada en sus manos, abierta a su voluntad, dispuesta a servirle en los que sufren, como Sierva de Jesús.
Gracias a Dios. Gracias a mi comunidad. Gracias a quienes me han acompañado con su oración.



