Rvdo. Padre Manolo Tamargo, CMF
Ecónomo General
Capellán de las Siervas de Jesús, Roma
Vamos también nosotros a Belén. Vamos a participar de la emoción, de la gran fiesta de este milagroso nacimiento. Vamos a disfrutar del Niño que ha venido por nosotros.
Vamos también nosotros a Belén. Así podremos ver por nosotros mismos cómo Dios hace grandes cosas con pocos medios. El Rey ha nacido pobre, Dios se ha convertido en un niño indefenso y alojado en un pesebre. Es el milagro de la sencillez, del amor, que es el verdadero poder.
Vayamos también nosotros a Belén. Encontraremos a los pastores, gente humilde, gente del pueblo, que fueron los primeros en contemplar este gran Misterio. Dios los eligió para darse a conocer. Y ellos están allí, seguramente sin saber muy bien lo que ha sucedido, pero fascinados por ese Niño tan especial. Quizás ellos estén más preparados que otros para darse cuenta de la grandeza del momento.
Vamos también nosotros a Belén. Encontraremos incluso a los Reyes Magos. Un verdadero ejemplo de cómo la fe te lleva a afrontar grandes empresas, a recorrer caminos sin ninguna seguridad humana, solo con la fe y la esperanza. Y también con el deseo de encontrar al Niño, al Dios con nosotros, al Emmanuel. La presencia de los Reyes Magos nos habla también de la repercusión, del alcance universal de este nacimiento.
Vamos también nosotros a Belén. Podremos hablar con José, preguntarle por el viaje, las dificultades, sus expectativas. Seguramente él también está conmocionado y un poco perdido con estos acontecimientos y con toda la gente que llega solo para ver a un Niño. Para ver y, sobre todo, para adorar. Será realmente interesante y enriquecedor escuchar a José, su percepción y su versión de todo lo que ha sucedido y está sucediendo.
Vamos también nosotros a Belén. Quiero conocer a María, quiero hablar con ella. Quiero ver cómo se comporta como madre, en medio de tanta gente y tanto ruido. Quiero ver el rostro radiante de María, exultante de alegría porque el Niño ha nacido. También quiero descubrir su mirada, seguramente con una sombra de preocupación, de incertidumbre, pensando en la vida que llevará ese Niño, en cuánto sufrimiento le supondrá a ella.
Vamos también nosotros a Belén. Llevemos nuestros regalos, pongamos a los pies de la cuna nuestra vida, nuestro deseo de seguir a Jesús, nuestra inmensa alegría por ser testigos de este gran Misterio. Nuestro agradecimiento porque Dios se ha puesto a nuestro alcance, tan pequeño y humano. Nuestra esperanza de que este nacimiento traiga verdaderamente la Luz al mundo entero. Nuestro propósito de anunciar a todos la presencia de Dios entre nosotros, de hacer todo lo posible para abrir el camino a su Gracia. Nuestro deseo de ser uno con todos, con los pastores, con los Reyes Magos, con todos los que se alegran por el nacimiento de Jesús.
Vamos también nosotros a Belén. Allí está comenzando, una vez más, un gran misterio, una promesa de vida, una esperanza de paz, un camino de salvación, un milagro de amor para todos.
Vamos también nosotros a Belén. El Niño Jesús nos espera.



